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Esa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado romance Capítulo 405

Elara dudó un instante sobre si contarle a Renato lo que había pasado con Dylan.

—¿En qué piso están? ¿Qué habitación? —Al otro lado de la línea se escucharon pasos rápidos, señal de que Renato probablemente estaba saliendo de la habitación de Doña Matilde.

Elara se apresuró a detenerlo.

—No es Vali, y tampoco estoy en el Hospital Central.

Los pasos se detuvieron.

—¿Marta?

—Tampoco. —Al ver que las preguntas ya habían llegado a ese punto, decidió decirle la verdad—. Es Dylan.

Se hizo un silencio absoluto en la línea.

Elara empezó a explicarse de inmediato.

—No sé cuándo llegó a la Capital. Esta noche Sergio me llamó para decirme que había bebido de más en un bar, que la herida se le había abierto y que tenía fiebre alta, pero se negaba a ir a un hospital. Era una cuestión de vida o muerte, y él se lastimó por salvarme. No podía ignorarlo.

El silencio continuó.

El corazón de Elara empezó a latir con inquietud.

—¿Estás enojado?

—Mhm.

Una pizca de ansiedad apareció en el rostro de Elara y su voz se notó algo desesperada.

—No me malinterpretes, ya no siento nada por él. Como doctora, respeto la vida humana. Incluso si hubiera sido un completo desconocido, sabiendo que su vida corría peligro, habría ido.

Era como la vez que Nina Salinas la engañó haciéndose pasar por una paciente virtual. Aunque sabía que las consultas presenciales no estaban permitidas en esa modalidad, ante el riesgo de una emergencia, no pudo quedarse de brazos cruzados.

Su ética profesional estaba grabada en su interior; la vida y la muerte pesaban más que cualquier regla burocrática.

—Elara.

El hombre pronunció su nombre con un tono muy serio.

Elara apretó el teléfono con fuerza.

—¿Sí?

—Si no te hubiera llamado, ¿no me habrías contado lo que pasó esta noche por tu cuenta?

Elara realmente no lo había pensado desde ese ángulo, así que respondió con sinceridad.

—Mhm.

—Y aun cuando te pregunté, ¿estabas dudando si decírmelo o no?

*¿Acaso este hombre lee la mente?*

—Mhm.

Se escuchó un ligero suspiro al otro lado.

—Sigue en lo tuyo, mi abuela me llama.

Bip, bip, bip...

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