La última chispa de esperanza se esfumó y el rostro de Elara palideció aún más.
—Eso es imposible. Vali es hija de Dylan. Te juro que yo tampoco entiendo por qué salió con tipo de sangre O.
Renato la observó en silencio.
Para Elara, ese silencio era la prueba de que él creía que estaba mintiendo. En su mente, automáticamente tradujo su mirada en un: «¿De verdad esperas que me crea eso?»
—Te estoy diciendo la verdad. Te juro que no sé qué fue lo que pasó.
Al ver el desconcierto y el miedo en los ojos de Elara, Renato dejó escapar un suspiro casi imperceptible.
—¿Estás completamente segura de que las pruebas genéticas que se hicieron tú y Dylan eran correctas?
Fue como si a Elara le hubieran dado un golpe en la cabeza que la despertó. De pronto, su mente atascada en un callejón sin salida volvió a funcionar.
¡Tenía razón! ¿Cómo no se le había ocurrido esa posibilidad?
Ella y Dylan se hicieron esas pruebas genéticas porque Viviana los obligó; incluso los amenazó con no ir a la boda si se negaban.
Ese día, Dylan y su madre se enfrascaron en una gran discusión y todo fue un desastre en la clínica. Si el tipo de sangre de Vali estaba confirmado, la única explicación era que hubo un error con las muestras de ella o de Dylan en esa primera prueba, arrojando resultados equivocados.
Miró a Renato con repentina emoción.
—Renato, ¿te importaría esperar aquí a Vali un momento? Voy corriendo al laboratorio a hacerme una prueba.
Renato asintió con la cabeza.
Elara se fue a paso rápido. Al dar la vuelta en el pasillo, se encontró de frente con Benjamín.
—Director.
Benjamín la miró con sorpresa.
—Todavía estás de incapacidad por maternidad, ¿qué haces en el hospital?
—Operaron de urgencia a mi bebé de una hernia.
—¡Vaya! ¿Y cómo salió todo? —preguntó con genuina preocupación.
—La cirugía fue un éxito, gracias a Dios.
Benjamín asintió.
—Me alegro mucho. Pero, ¿a dónde vas con tanta prisa?

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