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Esa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado romance Capítulo 99

Nuevo hogarEsa niña es mía: El secreto de mi poderoso excuñado ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

Benjamín se giró hacia los presentes con una expresión severa.

—Soy el director de este hospital. La verdad ha quedado demostrada, así que les exijo que dejen de esparcir chismes sin fundamento. Sus habladurías malintencionadas no solo arruinan la reputación de esta mujer, sino que podrían haber destruido a una familia entera.

—Ay, todo fue un malentendido.

—Ya decía yo que no tenía cara de ser una mujer infiel.

—Qué bueno que se aclaró. Si ese rumor llegaba a más oídos, le iban a arruinar la vida.

Al escuchar a la gente, Elara supo que la crisis había pasado. Miró a Benjamín con infinita gratitud.

—Director, muchas gracias por todo.

—No tienes nada que agradecer. Eres una de las doctoras más brillantes de nuestro hospital; no podía permitir que nuestro propio personal te difamara de esa manera.

Las palabras de Benjamín reforzaron aún más la reputación intachable de Elara frente a los mirones.

Elara atesoró ese gesto en su corazón.

—Mi bebé sigue en recuperación, tengo que volver. Lo invitaré a comer un día de estos para agradecerle como es debido.

Benjamín asintió con una cálida sonrisa.

—Ve con ella.

Cuando Elara llegó al quirófano, las luces de cirugía ya estaban apagadas y una enfermera le indicó que la paciente había sido trasladada a piso.

Al llegar a la puerta de la habitación que le habían indicado, se llevó una sorpresa: no solo estaba Dylan; también se encontraban ahí don Leonardo, Viviana y Luciana.

Elara sabía perfectamente que no estaban ahí por preocupación hacia Vali, sino porque Renato también estaba en la habitación.

Renato estaba de pie junto a la ventana, hablando por teléfono, con su figura alta y estilizada proyectando una sombra impecable. Fabián estaba a sus espaldas, mientras Luciana lo observaba embelesada desde una distancia prudente, sin atreverse a acercarse.

En cuanto Dylan vio entrar a Elara, corrió hacia ella, le tomó las manos y, con el rostro desencajado por la culpa, le dijo:

—Elara, perdóname, mi amor. Me quedé sin batería y por eso no vi tus llamadas ni tus mensajes. ¡Debiste pasar un susto horrible!

Elara rió con sarcasmo en su interior. ¿Así que su teléfono casualmente se quedó sin pila cuando ella le marcaba, pero por obra del Espíritu Santo ya tenía batería cuando le marcó Renato?

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