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Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada romance Capítulo 131

—Alba, ¿qué medicina le diste exactamente a la abuela? ¿Alguna porquería sin registro? ¿Acaso planeas matarla? ¿Cuáles son tus intenciones?

El primero en atacar fue Isaac, el tercero de los hermanos, quien también era el más impulsivo, irracional y de peor carácter de los tres.

Aunque los demás pensaban lo mismo, no lo expresaron de inmediato.

Después de todo, atentar deliberadamente contra la vida de la matriarca de la familia era algo extremadamente grave y terrible.

Como era de esperarse, en cuanto dijo eso, Lana fue la primera en estallar:

—Isaac, ¿te das cuenta de las estupideces que estás diciendo? Por más fría que sea Albita, jamás le haría daño a la abuela, y mucho menos intentaría matarla. ¿Acaso te volviste loco?

Si no estuviera loco, ¿cómo podría pensar semejante cosa?

¡Cuánto le dolería a Albita escuchar eso!

Ya de por sí no recibía el cariño de su familia, y ahora tenía que soportar semejante difamación.

Al principio, Sara pensaba lo mismo, pero tras escuchar a Lana, recuperó un poco la cordura.

—Alba, aunque no tuvieras la intención de lastimar a tu abuela, no debiste darle esa medicina dudosa, ¡esto podría costarle la vida!

Esa chiquilla, aunque no lo hiciera a propósito, definitivamente no tenía cerebro; de seguro se había dejado engañar por algún vendedor fraudulento.

Al compararlas, su Valeria sí que era sensata e inteligente.

Al menos no se dejaría engañar por esos curanderos y estafadores de la calle.

—Lo diré una sola vez, la medicina que le di está certificada por el ministerio de salud, no es ninguna porquería. Tiene su código de autenticidad y trazabilidad.

—No solo eso, es un medicamento nuevo desarrollado por un instituto de investigación, aún no está del todo en el mercado. Es una medicina excelente sin efectos secundarios por la que muchos darían lo que fuera.

—En fin, ¡a partir de hoy queda estrictamente prohibido darle a la abuela medicinas de origen desconocido! Si vuelve a ocurrir algo similar, ¡te juro que no te lo perdonaré! —Su voz resonó con fuerza, cargada de una autoridad incuestionable.

Alba torció los labios con desdén y levantó la barbilla en tono provocador:

—¿Ah, sí? ¿Y cómo planeas no perdonarme?

—¡Tú! —Mateo se quedó sin palabras al instante.

Alba no se molestó en seguir prestándole atención a esa gente y se dio la vuelta para acercarse nuevamente a la cama de su abuela.

Sacó con cuidado una pastilla roja oscura de su bolso, lista para dársela a su abuela como antídoto.

—¡Ah! Alba, ¿qué estás haciendo? —Valeria gritó de repente de forma exagerada, tapándose la boca con ambas manos, fingiendo estar aterrada.

—¿Acaso quieres hacerle daño a la abuela otra vez? ¡Detente ahora mismo! —Su actitud fingida la hacía ver como una frágil víctima, con una cara de hipocresía que daba asco.

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