—Albita, ¿los vamos a dejar ir así nada más? ¡Yo quería ponerlos en su lugar!
Tamara Saldaña sentía indignación por su amiga, le parecía muy frustrante dejar las cosas así.
—Tranquila, esa mosquita muerta no se va a quedar quieta, después de todo es su cumpleaños, seguro que vendrá a presumir.
Alba Moreno la conocía muy bien, sabía que no dejaría pasar una oportunidad como esa.
Solo que ahora tenía un estorbo más, Valeria seguramente querría encargarse primero de Valentina Navarro antes de venir a molestarla.
No había prisa.
En ese momento, se encontraron con otra persona indeseable.
—Albita, por fin te encuentro —dijo Norma Quintana.
Con una expresión de aparente gratitud, aunque sus ojos no mostraban un ápice de sinceridad, le dijo como si estuviera cumpliendo un trámite:
—Albita, menos mal que estuviste tú, mi rostro ya está completamente curado y ni siquiera te he dado las gracias como se debe.
—No tienes que agradecerme, en este mundo si no hay dinero de por medio, no se mueve nada. Si no fuera por los diez millones, te habrías quedado esperando la muerte con la cara desfigurada.
Alba Moreno agitó la mano, hablando con total franqueza.
Por supuesto, si no hubiera estado relacionado con el asunto del Sindicato de Boticarios, aunque hubiera tenido dinero, Norma habría muerto con el rostro deshecho.
Y habría sido una muerte terrible, asquerosa y sin ninguna dignidad.
Norma Quintana se quedó sin palabras.
Esta maldita chica, ¿tenía que ser tan directa?
—Alba Moreno, ¿cómo le hablas así a mi madre? ¡Ella es tu futura suegra!
A su lado, Patricio Quintana mostró su descontento.
Él era un buen hijo, ¡y no iba a permitir que su futura esposa tuviera la más mínima intención de faltarle el respeto a su madre!
Aunque en ese momento tenía muchas ganas de hacer las paces, ver cómo le hablaban así a su madre lo enfureció.

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