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Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada romance Capítulo 237

¡Esa maldita mujer se había atrevido a golpearlo delante de tanta gente y frente a su propia prometida!

Era la primera vez en toda su vida que Mateo se sentía tan humillado. ¡No lo podía creer!

—¡Cómo te atreves a golpearme! —Su rostro estaba completamente desfigurado por el odio.

El golpe había sido rápido, pero le dolía tanto que tuvo que apretar los dientes.

A simple vista no parecía haberle dejado ninguna marca obvia, pero el dolor era simplemente insoportable.

Lo que él no sabía era que Alba conocía a la perfección la anatomía humana.

Sabía exactamente dónde y cómo golpear para infligir el máximo dolor sin dejar huellas evidentes.

—Eres idéntico a Isaac. Si ya te pegué, es obvio que me atrevo, ¿para qué haces preguntas estúpidas?

Al ver que él seguía con esa actitud provocadora, como si estuviera rogando que le pegaran, Alba no dudó en complacerlo y le dio otras dos bofetadas.

—Llevaba muchísimo tiempo queriendo darte tu merecido. Y si me preguntas es porque seguro te gusta, así que no me voy a contener.

Dicho eso, le dio otra patada. Mateo perdió el equilibrio y cayó de sentón en el sofá, agarrándose el estómago con una mueca de agonía.

Al ver la escena, Valentina se tapó la boca y abrió los ojos de par en par.

¡Alba era increíble!

En el fondo, ella misma había sentido ganas de golpear a Mateo y a Valeria en múltiples ocasiones, pero su sentido común y su educación siempre la frenaban.

Alba también era una mujer educada e inteligente, pero no dudaba en defenderse.

Tal como ella había dicho: uno debía hacer lo que le hiciera feliz, y mientras se tuviera el respaldo y la capacidad para hacerlo, no había por qué aguantar tonterías de nadie.

—Alba, tú... ¡¿cómo te atreves a golpear a Mateo?!

Pensó que Alba estaría completamente satisfacetida y se sentiría profundamente conmovida por su devoción y persistencia.

Pero para su sorpresa, la mujer simplemente se cruzó de brazos, dedicándole una sonrisa sarcástica.

—¿Por... por qué me miras así? —Sintió un terrible presentimiento.

Y no tuvo tiempo de terminar la frase, porque su presentimiento se hizo realidad de golpe.

¡Zas! Alba le plantó una bofetada tremenda.

—Patricio Quintana, de todas las personas que están aquí, tú eres el que más se merece una golpiza, ¿lo sabías?

Para Alba, aunque sus hermanos y padres fueran unos verdaderos idiotas sin remedio, al fin y al cabo eran los Moreno.

Ellos, al menos, no tenían el descaro de creer que su vida se acabaría si no los tenía.

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