Pero este tipo de apellido Quintana vivía tan lleno de sí mismo, creyéndose el último hombre sobre la faz de la Tierra, que ya no lo aguantaba más.
—Esa bofetada te la ganaste a pulso por dejarme plantada el día de nuestro compromiso.
Y sin pensarlo dos veces, Alba le dio una patada tan fuerte que lo tiró directo al piso.
—¡Ah! —Patricio, que no se esperaba el golpe, cayó sentado en el suelo. El trato que recibió fue incluso peor que el de Mateo.
Al menos a su hermano lo había lanzado contra el sofá.
—Escúchame muy bien, Patricio. Que me dejaras plantada en nuestra fiesta de compromiso fue lo mejor que me pudo haber pasado. Deja de imaginar cosas y no te halagues pensando que estoy resentida o herida.
—Esta patada es para dejarte claro que dejes de acosarme. Yo ya no estoy a tu alcance, ¿entendido?
Probablemente no había nada en el mundo que diera más satisfacción que ver a un ex siendo mucho más miserable que uno.
Verlo tirado en el piso, mientras ella lo observaba desde arriba como toda una reina, era sumamente placentero.
Sí, se sentía genial.
—Por cierto, Patricio, solo alguien tan hueca y sin clase como Valeria podría andar detrás de ti haciéndote creer que eres tan importante.
—Si hablamos de hombres de verdad, el señor Góngora es cientos, no, millones de veces superior a alguien como tú.
—Así que hazme un favor y olvídate de mí, cásate con Valeria y vivan felices para siempre.
Los humanos suelen ser muy necios. Entre más le deseabas que se quedara con su adorada Valeria y dejara de fastidiar al resto del mundo, menos lo quería.
Eso era exactamente lo que sentía Patricio en ese momento. Ya no veía a Valeria con los mismos ojos e, incluso, quería mantener su distancia.
Le aterraba que Alba pudiera malinterpretar su relación con ella.
¡Pero escuchar a Alba diciendo que otro hombre era millones de veces mejor que él...!
No había humillación más dolorosa que esa.

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