¿Acaso este tipo había entendido mal las cosas?
—Es mi amiga y mi socia. Si no sabes qué decir, mejor cállate —soltó Liam, dándole una mirada gélida.
En el fondo estaba encantado de que su amigo la hubiera llamado así, pero no podía ser tan obvio.
—Ah, claro, claro. Un pequeño lapsus. Señorita Moreno, por aquí, por favor —corrigió Luciano rápidamente.
Después de todo, eran hermanos de otra madre. Si después de esa mirada no captaba la indirecta, merecía que lo castigaran.
—Prefiero sentarme en la barra. No hace falta el reservado —dijo Alba.
Había notado algo raro en las expresiones de esos dos, pero decidió no darle importancia y caminó directamente hacia la barra.
Ya había ido un par de veces con Fernanda Orozco y Tamara Saldaña, así que se sentía como en casa.
Liam no dijo nada y simplemente la siguió.
El diseño de la barra de aquel lugar era verdaderamente espectacular, nada que ver con los mostradores estrechos de los bares comunes.
Tenía un formato abierto y muy espacioso, lo que permitía a los clientes sentarse cómodamente.
Lo más llamativo era su estructura envolvente de 270 grados, que permitía a cada cliente admirar de cerca la habilidad de los mixólogos.
Desde ese amplio espacio, los bármanes ejecutaban con maestría sus trucos.
Desde lo más básico, como agitar y mezclar, hasta acrobacias lanzando botellas o preparando bebidas con fuego. Todo era un espectáculo digno de admirar.
La iluminación estaba cuidadosamente enfocada para resaltar el área de trabajo sin arruinar la atmósfera elegante del bar.
Ver preparar una bebida era, literalmente, un banquete visual.
A Alba le encantaba ese ambiente; observar el proceso de preparación la relajaba y la entretenía.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada