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Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada romance Capítulo 328

Un hombre del nivel de Liam había asistido a incontables fiestas de élite y había conocido a los mejores mixólogos del mundo.

Ese cóctel no era para tanto.

Claro, considerando que Alba no era una profesional, el resultado era bastante decente.

Pero apenas le había preparado una copa y su amigo ya la estaba idolatrando como si fuera la octava maravilla del mundo.

Definitivamente, este hombre había caído redondito en las redes de esta belleza.

—Alba, ¿qué haces aquí?

El ambiente era perfecto y Alba estaba de muy buen humor, pero al escuchar esa voz repentina e inoportuna, su sonrisa desapareció de golpe.

Al segundo siguiente, vio a Patricio Quintana, a quien no veía desde hacía tiempo, mirándola con una expresión de supuesta preocupación.

—¿Una mujer bebiendo sola en un bar? Es demasiado peligroso. ¡No tienes permitido beber, ¿me escuchaste?!

Alba no sabía con qué derecho ni en calidad de qué se atrevía a hablarle así, pero le arruinó la noche.

Ni siquiera se molestó en mirarlo. Su rostro reflejaba puro asco; no quería ni dirigirle la palabra.

Considerando que Patricio no era ni la mitad de alto ni de guapo que Liam, y ni siquiera le llegaba a los talones a su amigo Luciano, Alba no entendía de dónde sacaba el valor para meterse donde no lo llamaban.

—Alba, ¿me estás escuchando?

Al ver que no solo lo ignoraba, sino que seguía mirando su teléfono como si nada, Patricio sintió una mezcla de furia y vergüenza.

Estaba intentando hablar con ella en público, y ella no solo no le prestaba atención, sino que lo trataba como si fuera invisible.

¡Se sentía tan humillado que quería que la tierra se lo tragara!

—Me preguntaba por qué olía como si hubiera explotado un camión de basura... pero ya veo que fuiste tú quien abrió la boca.

—Oye, parece que tomaste laxante porque no dejas de escupir porquerías. ¿Estás buscando que te rompan la cara?

Patricio, que ya estaba furioso por las palabras de Liam, sintió que la sangre le hervía aún más.

Estos dos hombres tenían la lengua tan afilada que hasta Alba, que se había mantenido en silencio, no pudo evitar soltar una risita.

—Alba, ¿esto es lo que querías, verdad? Te encanta que los hombres giren a tu alrededor. ¿Que me ataquen por ti te hace sentir importante? —reclamó Patricio, incapaz de defenderse de ellos dos y sin atreverse a ofenderlos demasiado por su estatus social, así que se desquitó con ella.

—Ja, creo que te he dado demasiada importancia y ya te creíste el cuento de que me importas.

En cuanto a comentarios hirientes, Alba no se quedaba atrás. Inmediatamente puso distancia con aquel lunático:

—Tú y yo ni siquiera somos cercanos, así que no vengas a colgarte de mi fama ni a llamar la atención aquí.

—¡¿Yo, colgarme de ti?! —Patricio ya estaba frustrado, pero esas palabras fueron la gota que derramó el vaso.

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