Patricio miró de nuevo a Liam, que estaba junto a ella, y de verdad no lograba entender qué le veía Alba a ese hombre.
Sí, claro, era un poco más alto, más guapo y tenía buen físico. Quizás también tenía algo más de dinero, poder y contactos.
¿Pero acaso eso justificaba que ella se pusiera en su contra por él?
Antes, la que más se preocupaba por él era Alba. Siempre le hacía caso y él era la única persona a la que ella quería.
¿En qué momento se había vuelto tan superficial e interesada?
¡Ese tipo seguramente solo estaba jugando con ella!
¡Que no viniera a llorar cuando la mandara a volar!
—Oye, deja de mirarme así, a mí me gustan las mujeres.
Liam lanzó la advertencia con una expresión de profundo desagrado y, a propósito, dio un par de pasos hacia atrás para alejarse de él.
—¡E-ese no era mi punto!
Si Patricio ya estaba ahogándose de la furia, con ese comentario sintió que le faltaba el aire.
—Señor Góngora, señor Vega, por favor, no sean tan duros con Patricio. Ahora es mi prometido y ya no tiene nada que ver con mi hermana.
—No lo malinterpreten, si él se preocupa tanto por ella es solo porque ambas somos de la familia Moreno, así que la ve como a un familiar.
Valeria, que siempre estaba acostumbrada a ser el centro de atención, llevaba un buen rato parada ahí siendo ignorada por completo. Y, por si fuera poco, ¡ahora todos se estaban peleando por Alba!
Lo que más le ardía era ver que el hombre que le había robado a esa cualquiera, ahora estaba celoso de otros hombres.
¡Y todos peleaban por la misma mujer: Alba!
¡Qué rabia! ¡Se estaba muriendo de coraje!
Pero tuvo que tragarse su furia y volver a interpretar su papel de mosquita muerta.
Alba observaba la escena sintiéndose bastante satisfecha. Quizás podría hacer algún negocio con el amigo de Liam en el futuro.
Si volvía a cruzarse con esa bola de inútiles, solo tendría que soltar a Luciano para que los hiciera pedazos.
Mientras tanto, Valeria se moría de celos, impotencia y resentimiento.
No lograba entender por qué hombres tan excepcionales saltaban a defender a Alba.
Y, en cambio, su propio prometido no solo era incapaz de defenderse con palabras, sino que la veía siendo humillada sin atreverse a decir nada para protegerla.
¡Empezaba a arrepentirse de haberse aferrado a Patricio tan rápido!
Al principio pensó que la familia Quintana tenía una excelente posición, y Patricio no tenía grandes vicios, aparte de ser un niño de mamá.
Pero lo más importante era que podía usar eso para destruir a Alba y destrozarle el corazón.
Sin embargo, las cosas no salieron como esperaba. Alba no solo no se derrumbó, ¡sino que ahora se burlaba de ella en su cara!

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