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Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada romance Capítulo 336

Era muy probable que hubiera ofendido a la persona que respaldaba a Valeria.

Después de todo, últimamente la había estado humillando sin piedad y no dejaba de investigar el pasado de su supuesta madre biológica para descubrir sus secretos.

Bajo esas circunstancias, que quisieran verla muerta no sonaba tan descabellado.

Liam usaba una rama gruesa para bloquear los ataques que llovían desde todas las direcciones; el sonido de la madera chocando contra el metal resonaba con fuerza en el aire.

Por su parte, Alba se movía ágilmente entre los atacantes, empuñando el arma robada con movimientos tan precisos que, uno a uno, los hombres iban cayendo al suelo.

Ambos eran demasiado buenos peleando. Aunque los atacantes los superaban en número, poco a poco empezaron a perder terreno.

Al final, no tuvieron más remedio que retroceder y huir a toda prisa.

Liam dejó caer la rama, sacudiéndose el polvo inexistente de la ropa, y miró a los hombres escapar con el ceño fruncido.

—Parece que no se van a dar por vencidos tan fácil, el que está detrás de esto no es cualquier persona.

Al principio, él temía que su propio Tío Gregorio estuviera detrás de esto para darle una lección, y que al saber lo mucho que le importaba Alba, la estuviera usando para lastimarlo.

Pero ahora las cosas no parecían tan simples.

Alba tiró el arma al suelo y se secó el sudor de la frente.

—No me importa quién sea, no les tengo miedo. Lo único malo es haberte arrastrado a este peligro conmigo.

Liam sonrió sin darle importancia.

—No digas tonterías, jamás me quedaría de brazos cruzados viéndote en peligro.

Y añadió:

—Además, también podría ser culpa mía. No estoy seguro de si mi Tío Gregorio tiene algo que ver en esto, pero tenemos que dar con el responsable pronto, si no, será una amenaza constante.

Alba se quedó pensativa por un momento.

—Creo que deberíamos empezar a buscar por el lado de Valeria, alguien le cuida las espaldas, tal vez por ahí encontremos una pista.

Aunque en su casa no hubiera ningún artículo femenino, para Liam conseguir ropa o cosas de uso diario era algo que podía ordenar en cualquier momento.

Si sus empleados y asistentes no eran capaces de cumplir con una tarea tan básica, entonces no merecían trabajar para él.

—Pero...

Antes de que Alba pudiera terminar la frase, notó que el auto perdió el control por completo y empezó a acelerar sin que ella lo hiciera.

Intentó pisar el freno, ¡pero no respondía!

—¡Liam, alguien saboteó tu auto! —gritó Alba, dándose cuenta al instante de lo que pasaba.

Por desgracia, darse cuenta no servía de nada, ¡porque ya iban a estrellarse directamente contra un árbol!

—¡Albita, cuidado!

Esa fue la última frase, clara y llena de angustia, que Alba escuchó antes de perder el conocimiento.

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