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Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada romance Capítulo 337

Habiendo perdido el conocimiento, Alba tuvo un montón de sueños inconexos y borrosos.

Eran fragmentos rotos, primero recuerdos hermosos de su infancia, que en un instante se transformaban en un oscuro abismo sin salida.

Esas personas que alguna vez la quisieron y cuidaron, de pronto mostraban rostros demoníacos, obligándola a huir y esconderse lo más lejos posible.

No era que no sintiera tristeza ni que no hubiera luchado, pero después de vivir tanto tiempo así, había dejado de ilusionarse y de ser compasiva.

Hoy en día ya no esperaba nada de nadie; su enfoque estaba en la independencia y en salvarse a sí misma.

Sin embargo, de repente, la escena cambió. En medio de toda esa oscuridad, apareció un rayo de luz.

Un hombre se acercaba a ella y le extendía la mano.

Era una mano firme y fuerte, con dedos largos y nudillos bien definidos, unas manos muy hermosas.

No lograba distinguir su rostro, pero por alguna razón no sentía la necesidad de ponerse a la defensiva.

Al final no pudo resistirlo y estiró su brazo para tomar la mano de aquel hombre.

En el momento en que lo hizo, una fuerza cálida invadió su cuerpo y todas esas imágenes aterradoras se desvanecieron.

Sintió que esa fuerza la guiaba, llevándola a gran velocidad a través de la oscuridad.

Poco a poco, las sombras comenzaron a disiparse, dejando paso a una luz suave.

Cuando la luz la envolvió por completo, se vio a sí misma en medio de un hermoso campo de flores.

Y le pareció escuchar una voz muy cálida y agradable susurrándole al oído:

—Albita, no tengas miedo, estoy aquí.

Al segundo siguiente, Alba abrió los ojos de golpe.

Todo a su alrededor era blanco y borroso, pero a medida que su vista se fue aclarando, logró distinguir a la persona que tenía enfrente.

—¿Liam? ¿Qué haces aquí?

En ese momento, su mente ya estaba completamente lúcida y recordaba perfectamente lo que había pasado.

Ella misma era doctora, así que sabía mejor que nadie si su cuerpo estaba bien o no.

Recordó que los emboscaron, y que seguramente, durante la pelea, alguien aprovechó su distracción para sabotear el auto.

Por eso se habían retirado tan dócilmente; se habían confiado demasiado.

Luego, antes de estrellarse contra el árbol, Liam la cubrió sin importarle su propia vida, y por eso ella no tenía ni un solo rasguño.

Al fijarse bien en Liam, notó que llevaba el brazo vendado y sostenido por un cabestrillo alrededor del cuello. Era evidente que tenía una lesión grave en los ligamentos o una fractura, lo que le impedía moverse con normalidad.

—¿Tú estás bien, Liam? ¿Qué te dijo el doctor? —preguntó Alba con evidente preocupación.

—No es nada, solo un esguince leve.

—¿Un esguince leve se ve así? —Alba sabía que no le estaba diciendo toda la verdad.

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