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Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada romance Capítulo 358

Mientras más claro veía el panorama actual, más profunda era la agonía en su pecho, ¡sentía unas ganas inmensas de tirarse de un puente!

—Alba, no perdamos el tiempo hablando estupideces con ellos, esto no nos lleva a nada.

Valentina, que había guardado silencio, se asustó de verdad al ver el rostro de Patricio más rojo de furia y sus ojos inyectados en sangre.

Por muy valiente que fuera Alba, seguía siendo una mujer y no podría defenderse físicamente de él. ¿Qué pasaría si ese loco perdía la cabeza y decidía levantarle la mano?

Lo primordial era alejarse de inmediato de ese hombre fuera de sus casillas.

Con eso en mente, tomó rápidamente a Alba por el brazo y la arrastró hacia la caja registradora, con la intención de pagar y huir de ahí lo antes posible.

—Iremos a comer a otro lado.

No importaba dejar la comida en la mesa, para ella ese dinero no era nada; lo tomaría como una obra de caridad para darles de comer a ese par de infelices.

Alba no puso objeciones y dejó que Valentina se la llevara.

Al fin y al cabo, el show ya había terminado y el hombre estaba al borde de un infarto por la rabia; quedarse ahí más tiempo no tenía sentido.

Viendo cómo se alejaban frente a sus ojos, Patricio intentó hacer un movimiento para detenerla o decirle alguna otra tontería suplicante, pero al final se quedó congelado.

Después de todo, estaba acostumbrado a vivir como el consentido señorito, a que todos lo adularan y le dieran la razón.

Y tras ser brutalmente humillado con esa comparación, su orgullo no le permitía dejarlo todo tirado y salir corriendo detrás de ella.

Detrás de él, Mateo, que había estado tapándose la boca para reírse en secreto y disfrutando del espectáculo, borró la sonrisa de su rostro y le dio una palmada en el hombro con genuina lástima.

—No te quedes ahí parado como estatua, sacúdete el polvo. A lo sumo dejas pasar un tiempo y luego vuelves a insistir para convencerla.

Mateo era el primero en animar a ese imbécil a que intentara reconquistar a su propia hermana.

La razón principal era que él también quería recuperar a Valentina, pero no tenía ganas de sufrir el rechazo y la humillación él solo; tener a alguien acompañándolo en el fondo del abismo le parecía una idea fantástica.

Todo perfecto.

—¿De verdad crees que tengo posibilidades de que Alba regrese conmigo? —Patricio lo miró lleno de dudas.

Por alguna razón sentía que ese infeliz no era precisamente un buen samaritano que lo estaría apoyando por amor al prójimo.

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