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Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada romance Capítulo 55

La segunda ronda comenzó rápidamente.

Una vez repartidas las cartas, Alba igualó con veinte mil, mientras que los demás subieron a cincuenta y cien mil.

Cuando volvió a ser el turno de Alba, se retiró nuevamente.

Todos quedaron confundidos.

¿Qué estaba pasando?

¿Acaso era demasiado temerosa?

¿Jugar así qué sentido tenía? ¿Cómo se suponía que iban a sacarle dinero?

Luciano no aguantó más.

—A ver, mi querida Alba, ¿qué cartas te tocaron esta vez? Eres demasiado conservadora. En la mesa de póquer el que no arriesga no gana. Hay que ir con todo para multiplicar el dinero.

Los demás asintieron, mirándola fijamente.

Alba mostró sus cartas con expresión inocente.

—Miren, un Rey y un As. No son del mismo palo y no forman pareja. Es evidente que no sirven para nada, así que preferí retirarme.

Alba analizaba la situación con mucha seriedad, como si fuera una experta.

Los demás se quedaron sin palabras. ¡¿Esa mano le parecía mala?!

Ahora estaban completamente seguros: Alba no tenía la menor idea de cómo jugar Texas Hold'em. Solo había aceptado por orgullo.

Sus posturas se relajaron.

Enfrentarse a una novata así no representaba ningún peligro.

Creían tenerla leída por completo y pensaban que sería pan comido.

Alba seguramente solo apostaría si le salía una mano perfecta desde el inicio.

La tercera ronda no se hizo esperar.

Isaac abrió las apuestas. Al ver su par de Reinas ocultas, sintió un subidón de alegría y empujó sus fichas sin dudarlo.

—Subo a cien mil.

Cuando llegó el turno de Alba, miró sus cartas lentamente: un 7 de diamantes y un 8 de espadas. Una mano absolutamente inútil.

Sin embargo, las comisuras de sus labios se curvaron repentinamente en una sonrisa. Empujó una pila de fichas al centro.

—Voy, y subo doscientos mil.

Todos en la mesa se quedaron pasmados.

¿Qué clase de mano divina le había tocado a Alba para que se atreviera a apostar tan fuerte?

Según el perfil que se habían armado, Alba solo arriesgaba si estaba cien por ciento segura.

Luciano se enderezó, emocionado.

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