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ESTA VEZ, ME ELEGIRÉ A MÍ MISMA romance Capítulo 11

«¡Qué niña tan berrinchuda y rebelde!»

Andrés sintió que le estallaba la cabeza.

—Ya eres una mujer adulta, ¿cómo puedes decir cosas tan infantiles? El asunto entre Alejandro y tú no solo los involucra a ustedes, también están de por medio las familias Castillo y Torres. Además, si se divorcian, ¿qué va a pasar con Carmen?

Al mencionar a su hija, la mirada de Valentina se volvió aún más decidida.

—¡Carmen es mi hija, obvio se tiene que quedar conmigo!

Andrés dio unos golpecitos en la mesa de caoba con los dedos.

—Eso es una locura. ¿Qué te crees que es la familia Torres? ¿Crees que van a dejar que te lleves a Carmen así nada más?

Valentina se quedó callada un momento y luego miró al anciano a los ojos.

—Por mucho poder que tengan, no son más fuertes que usted. Papá, ayúdeme a quitarles a Carmen.

Andrés se quedó sin palabras por un instante y luego fulminó con la mirada a su rebelde hija.

—Carmen es parte de la familia Torres. Por muy su abuelo materno que sea, no tengo más peso que su abuelo paterno. Si voy y te la traigo a la fuerza, ¿qué va a decir la gente de mí?

Valentina desvió la mirada.

—Si usted quiere, mañana mismo le cambio el apellido a Carmen para que sea Castillo. Además, ¿a usted qué le importa lo que digan los demás? Si hace falta, yo misma me encargo de callar a cualquiera que se meta donde no le importa.

Andrés casi levanta su bastón para darle un golpe.

—¡Qué tonterías dices!

Valentina solo estaba hablando por el coraje del momento. Al ver a su padre enojado, de inmediato se hizo la víctima.

—¡Papá! Carmen es mi adoración, ¡por favor, ayúdeme! En esa familia Torres no hay ni uno que valga la pena, no puedo dejarla con ellos. En toda mi vida nunca le he pedido nada, pero esta vez se lo ruego, ¿sí, papá?

El anciano se pellizcó el puente de la nariz con fastidio.

—No digas mentiras. De todos tus hermanos, tú eres la que más exige. Te la has pasado pidiendo cosas desde que eras niña, todo lo que tienes lo has exigido a tu antojo.

Valentina hizo un berrinche.

—¡Papá!

El abuelo soltó un suspiro.

—Valentina, dime la verdad, ¿por qué a fuerzas quieres divorciarte de Alejandro? Antes hasta amenazabas con hacer una locura si no te dejaba casarte con él, ¡y ahora resulta que ya no lo quieres! Te lo repito, Carmen todavía está chiquita, ya eres mamá, no puedes ser tan caprichosa.

Valentina parpadeó, con el rostro un poco tenso.

Andrés, que se las sabía de todas todas, fue directo al grano.

—¿Acaso Alejandro anda de mujeriego?

A Valentina le cambió la mirada, pero no dijo nada.

El anciano, con toda la experiencia de la vida, lo entendió perfectamente y se apoyó con ambas manos en su bastón.

—Tampoco es el fin del mundo. Yo mismo voy a ir a darle un jalón de orejas. Por muy inmaduro que sea Alejandro, sus padres siguen al mando y no me van a negar ese favor.

Al ver que Valentina seguía callada, Andrés intentó aconsejarla de manera comprensiva.

—Hazme caso, regresa a tu casa y platícalo bien con él.

—¿Platicar? ¿De qué voy a platicar? —estalló Valentina de repente, con tono agresivo—. Papá, dígame malagradecida o lo que quiera, ¡pero Alejandro y yo nos vamos a divorciar y punto! ¡Nadie me va a hacer cambiar de opinión!

Al ver que no entendía razones, el anciano también se enojó y golpeó el suelo con su bastón.

Valentina trató de animarse un poco y forzó una sonrisa.

—Ernesto, te encargo mucho a mi papá.

Ernesto la había visto crecer y sabía que, aunque era caprichosa, en el fondo tenía buen corazón, así que le habló con más suavidad.

—Señorita, el patrón ahorita está muy alterado. En un par de días se le pasará el coraje y todo estará bien. ¿Por qué no viene a verlo después?

Valentina entendió la buena intención de Ernesto y asintió.

—Ya sé. Carmen ya debe estar despierta, voy a ir a verla.

Ernesto asintió con la cabeza. Valentina se dio la vuelta para irse, pero él recordó algo y la detuvo.

—Señorita.

Valentina se detuvo y lo volteó a ver.

—¿Pasa algo?

Ernesto dudó un segundo y luego asintió.

—Señorita, la abuela de la señorita Aguirre nunca fue amante del patrón.

Valentina se quedó pasmada; no se esperaba para nada que Ernesto le dijera algo así.

Ernesto sonó muy serio.

—Los demás a lo mejor no entienden, pero usted debería saberlo. ¿Qué clase de hombre es su padre? Si hasta el día de hoy sigue recordando a esa persona con cariño, es por algo. Hay cosas que, por muy enojada que esté, no debería volver a repetir. Ese tema es intocable.

Después de decir eso, Ernesto bajó la cabeza a modo de despedida y se metió al jardín central, dejando a Valentina a solas, procesando sus palabras.

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