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ESTA VEZ, ME ELEGIRÉ A MÍ MISMA romance Capítulo 12

Era julio. En el estanque del jardín, los peces dorados nadaban de un lado a otro. En esa época del año, cada rincón de la Villa Castillo se sentía lleno de paz.

En el quiosco de descanso, Yolanda tenía un chichón enorme y rojo en la frente. Su rostro infantil mostraba una expresión tan seria que no cuadraba con su edad.

Justo en el momento en que se había estrellado contra el pilar, un extraño libro con el guion de su vida apareció de la nada en su mente.

¡Sin previo aviso!

«¿Librito?»

«¡Qué pinche guion ni qué nada!»

Había estado tratando de conectarse con ese libro mental desde hace rato, pero no obtenía respuesta.

¿No se suponía que ya había hecho desaparecer ese libro? ¿Por qué volvía a surgir ahora?

¿De verdad había regresado en el tiempo?

Los ojos de Yolanda se iluminaron con una mezcla de emoción y cautela. Se quedó mirando sus pequeñas manos, con el pulso acelerado.

Si todo esto era real, ¡entonces esta vez podría evitar que asesinaran al abuelo!

En su vida pasada, poco después de haberse casado con Javier, alguien envenenó al abuelo en su cuarto del jardín central. Las puertas y ventanas estaban cerradas por dentro. Desde que lo envenenaron hasta que la toxina hizo efecto, pasó tres horas enteras pidiendo ayuda; incluso rompió su vajilla de porcelana favorita, pero nadie fue a verlo.

Considerando el poder de la familia Castillo en la República de Valdoria, la única persona capaz de envenenar al abuelo en su propia casa y alejar a todos los sirvientes sin levantar sospechas tenía que ser alguien muy cercano a él. Era obvio que había un traidor en la familia.

En su intento por descubrir al culpable, la familia Castillo terminó hundida en una espiral interminable de sospechas. A ella, Javier la tachó de sospechosa y, el mismo día del funeral del abuelo, la corrió de la Villa Castillo.

***

Pero lo que Yolanda menos le perdonaba era que, el mismo día de la muerte del abuelo, Claudia se olvidó de que eran madre e hija y la presionó para vender la casa que el abuelo le había regalado. Como Yolanda se negó, Claudia se quitó la máscara y se la pasó tres horas seguidas insultándola y haciéndola pedazos emocionalmente, para rematar diciéndole que a partir de ese momento dejaban de ser familia y que ya no se conocían.

¡Un momento! Yolanda tuvo una revelación; de pronto notó algo muy raro en todo eso.

Su madre siempre buscaba sacar provecho de todo. Aunque el abuelo estuviera muerto y Javier la odiara, Yolanda seguía siendo la esposa legítima de Javier Castillo. Gracias a esa posición, Claudia había obtenido innumerables beneficios. ¿Por qué iba a soltarla así de fácil?

Además, a Claudia no le gustaba arriesgarse. Siempre que invertía en algo se aseguraba cien por ciento de que iba a ganar antes de meter su dinero. Si la pelea interna de los Castillo todavía no había terminado, ¿por qué apostó tan rápido por la otra rama de la familia?

—¿Yolanda? ¿Qué pasa contigo? ¿Por qué ves así a tu madre? —Claudia sintió algo raro en el ambiente; la actitud de la niña la desconcertaba mucho.

Yolanda apartó la mirada sin darle importancia, ignorándola como si fuera un mueble más, y salió del quiosco sin voltear atrás.

Claudia nunca había visto a su hija actuar así. Para cuando reaccionó, Yolanda ya había dado la vuelta en el pasillo...

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