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ESTA VEZ, ME ELEGIRÉ A MÍ MISMA romance Capítulo 15

Valentina ni siquiera le prestó importancia a Yolanda; solo la vio de reojo y caminó directo hacia Carmen. Caminaba con mucha elegancia y parecía súper relajada, pero aun con esa actitud tan tranquila, su presencia imponía muchísimo.

—Mamá... —Como Carmen sabía que la había regado, lo dijo casi sin voz.

Valentina se detuvo, la miró sin ninguna expresión en el rostro, y se agachó para ayudar a Martina a levantarse.

Martina, dándose cuenta de lo pesado que estaba el ambiente, quiso defender a Carmen por miedo a que la regañaran.

—Señorita, no fue culpa de Carmen...

—Martina —La interrumpió Valentina con un tono neutral.

Martina se tragó las palabras y no dijo más.

Valentina acomodó el brazo de Martina sobre el suyo y, volteando a ver la cara de culpa de Carmen, le habló con calma.

—Ven acá y pide perdón.

A Carmen le cambió la cara, se le pusieron los ojos rojos y se le llenaron de lágrimas. Miró de reojo a Yolanda y le contestó de mala gana.

—¡No voy a pedir perdón! Ella solo trabaja aquí. Si la lastimé, pues le pago y ya, ¿por qué le voy a pedir perdón?

Aquellas palabras hirieron profundamente a Martina. Sabía que no debía tomarse en serio lo que decía una niña, pero aun así, no pudo evitar que se le cristalizaran los ojos.

La mirada de Valentina se volvió un poco más dura.

—Carmen, para empezar, no pasa nada si te equivocas, pero no te hagas tonta y aprende a pedir una disculpa. Segundo, Martina no es ninguna empleada, es familia. En este mundo, la familia no solo es la que tiene tu misma sangre, ¿te queda claro?

Carmen se quedó callada, y se notaba que no le habían importado mucho esas palabras. En cambio, Yolanda, que estaba a un lado, sí captó la lección de inmediato.

Ante los mismos errores, Valentina le enseñaba a Carmen a pedir perdón, mientras que Claudia a ella le enseñaba a negarlo todo hasta la muerte.

Cuando hablaban de familia, Valentina le explicaba a Carmen que la sangre no era lo único que unía a las personas; pero Claudia le repetía todo el santo día que solo su madre y su hermana eran su familia, porque la sangre pesaba más que cualquier otra cosa.

—¡Carmen! —La cara de Martina cambió; le dolía que la niña no entendiera—. ¡No andes diciendo esas cosas!

A Valentina se le entristeció un poco la mirada, pero por fuera seguía igual de calmada.

—Carmen, si ahorita ni siquiera tienes el valor de aceptar que te equivocaste, ¿qué va a ser de ti cuando crezcas?

Carmen no estaba escuchando razones; solo apuntó hacia Yolanda.

—¿Y ella qué? ¿Por qué no la hacen que me pida perdón también? ¿A poco ella hizo las cosas bien hoy? Mamá, ¿por qué no puedes ser como Claudia o el abuelo y darme por mi lado a mí?

Valentina frunció el ceño y le echó un ojo a Yolanda. Cualquier persona normal se hubiera ido corriendo al ver ese relajo, pero ella seguía ahí parada, disfrutando del chisme.

Yolanda cachó la mirada de Valentina y, en menos de un segundo, cambió de actitud. Le sonrió con una cara inocente y sincera.

—Valentina, no vayas a pensar mal. Yo vine a pedirle una disculpa a Carmen.

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