Cuando Yolanda regresó a la Villa del Caballo, Claudia ya había despejado la habitación. Valeria, resentida con ella por el asunto del cambio de cuarto, no dio la cara en ningún momento; las empleadas le empacaron todo el equipaje.
Yolanda se quedó sin palabras.
Pero aquello ya era exagerar con la mudanza, ¿no?
Al ver la recámara prácticamente vacía, Yolanda se dio la vuelta a propósito y salió para checar si no se había equivocado de cuarto.
Claudia, preocupada de que Yolanda hubiera hablado de más en la villa, corrió a sondearla en cuanto supo que había regresado. Al verla merodeando en la puerta, fingió confusión:
—¿Qué buscas?
Yolanda señaló hacia adentro, haciéndose la desentendida.
—¿Se metieron a robar a mi cuarto? ¿Por qué está todo vacío?
Claudia se atragantó con sus propias palabras.
—¿Qué tonterías dices? Ya te quedaste con el cuarto, ¿qué tiene de malo que tu hermana se lleve algunas cosas? ¿A poco de verdad vas a pintar tu raya con Valeria?
Yolanda empujó la puerta. En su momento, Andrés se había esmerado muchísimo en decorar aquel pabellón; cada mueble y adorno valía una fortuna. Su hermanita resultó ser bastante descarada y ambiciosa, llevándoselo absolutamente todo.
—Tu hermana ya está acostumbrada a usar esas cosas. Eres la mayor, deberías cederle un poco, ¿no crees?
Claudia la observó de reojo, esperando que pusiera el grito en el cielo, pero no fue así. Yolanda mantuvo una expresión tranquila y, como si nada, entró al baño. Poco después, se escuchó el sonido del agua corriendo para llenar la tina.
Era demasiado raro.
Claudia frunció el ceño y, tras dudar un segundo, se acercó al cuarto de baño.
Yolanda estaba recargada en el borde de la tina, jugando distraídamente con el agua. Como si hubiera sabido que Claudia la seguiría, le dedicó una sonrisa despreocupada.
—¿Se te ofrece algo?
Claudia la examinó con el ceño fruncido. Había criado a esa escuincla bajo su propio techo durante tres años, así que conocía perfectamente sus mañas. En lugar de pensar que estaba planeando alguna jugada maestra, prefería creer que Yolanda solo se hacía la fuerte.
Tras pensarlo un poco, Claudia adoptó un tono suave.

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