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ESTA VEZ, ME ELEGIRÉ A MÍ MISMA romance Capítulo 35

En la sala de estar.

Yolanda estaba sentada en el sillón, con la mente en blanco.

Carmen y Valeria estaban amontonadas alrededor de Víctor, viendo cómo el doctor Lázaro le aplicaba medicamento.

Víctor mantenía una expresión serena y elegante, sin la menor señal de coraje o resentimiento.

Soportaba con muchísima paciencia las miradas tan impertinentes que le echaba Carmen.

Carmen lo inspeccionaba con ganas de buscarle pleito, pero al final se dio cuenta de que no había nada que criticarle en ese rostro, igualito que cierto odioso que ella conocía.

Carmen volteó a ver a Yolanda y le lanzó una mirada fulminante antes de dirigirse a él con toda la arrogancia del mundo:

—Oye, ¿de verdad eres el hijo no reconocido de mi tío Renato? Pues no te pareces a él en nada.

Víctor parpadeó sorprendido y miró a Carmen, como si no pudiera creer que alguien hiciera una pregunta con tanta falta de educación.

Valeria se molestó un poco.

—Carmen, el abuelo ya le dio su lugar en la familia, no seas grosera.

A Carmen nunca le había pasado la actitud mosquita muerta de Valeria, así que se puso las manos en la cintura y le contestó de mala gana:

—Este es un asunto de la familia Castillo, ¿a ti qué te importa? ¿Qué? ¿Te da lástima? Primero fíjate si tienes derecho a hablar. No te creas que por cambiarte el apellido ya eres alguien.

Valeria era hija de Claudia y de otro hombre.

Cuando el tipo las abandonó, Claudia la registró con el apellido del papá de Yolanda para que la niña no se quedara sin padre.

Evidentemente, esto no era motivo de orgullo, y que Carmen se lo echara en cara frente a todos hizo que a Valeria se le llenaran los ojos de lágrimas.

Volteó a ver a Yolanda; por lo general, a estas alturas, su estúpida hermana mayor ya se le habría ido a los golpes a Carmen para defenderla.

Carmen se puso a la defensiva y levantó la barbilla, retándola.

Víctor notó la tensión entre ambas, y su mirada se desvió con naturalidad hacia la chica que abrazaba el peluche de lobo.

A decir verdad, Víctor ya la había notado desde antes.

Con tanta gente importante de la familia Castillo en la sala principal, ella era la única a la que todo le valía un reverendo cacahuate.

Al sentir una mirada clavada en ella, Yolanda volvió en sí.

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