Al pensarlo bien, Yolanda por fin entendió lo que significaba ser carne de cañón.
Nunca aparecían en los momentos importantes de los protagonistas, y solo las sacaban a pasear cuando la trama necesitaba un poco de relleno.
Después de gritarle, Carmen esperaba ver a Yolanda hacer un berrinche. Sin embargo, no solo no se enojó, sino que se quedó viéndola fijamente, perdida en sus pensamientos. A Carmen le pareció aburrido, así que se acercó de un empujón.
—Yolanda, ¿estás sorda? ¿No escuchas que te estoy hablando?
Yolanda miró a Carmen y pensó que daba tanta lástima como ella. Al menos Yolanda ya había abierto los ojos, pero Carmen no entendía nada. Se preguntó si a ella también la habrían definido con una «etiqueta».
Apenas lo pensó, un halo de luz verde se encendió sobre la cabeza de Carmen. Unas luces parecidas a burbujas se agruparon poco a poco hasta formar una pequeña línea de texto.
[Etiquetas del personaje: Estúpida, impulsiva, ingenua, arrogante, **]
Las cinco etiquetas iban de mayor a menor tamaño. Las dos últimas palabras eran tan pequeñas que apenas podían distinguirse a simple vista; a más de un paso de distancia, era imposible leerlas.
[¡Bip!]
[Felicidades. Ha desbloqueado una trama oculta del escenario: Capítulo de hermandad «El mundo no pesa tanto como encontrar a un alma gemela».]
[Condición para completarlo: Estar dispuesta a morir por la otra persona.]
[¿Desea vincularse con el personaje actual: Carmen?]
Yolanda se levantó de un salto y se le fue encima a Carmen. La chica se quedó pasmada. Cuando Carmen reaccionó, Yolanda ya la había tirado al suelo y la tenía sujeta del cabello.
¡Maldita sea!
Carmen, furiosa y convencida de que Yolanda se estaba burlando de ella, empezó a patalear y a soltar manotazos por todas partes.
Yolanda le sujetó la cabeza contra el suelo y le arrancó un mechón de cabello mientras trataba de enfocar la vista. Por fin logró leer el texto del tamaño de una luciérnaga.
[Bondadosa]
Yolanda se quedó pasmada. En su mente apareció el recuerdo de su vida pasada, cuando Carmen irrumpió en la Villa Castillo y la señaló con el dedo mientras le gritaba, llorando a mares:
El doctor Lázaro, que llevaba años trabajando para los Castillo, no lo pensó dos veces y corrió a proteger a Carmen, así que a Víctor no le quedó de otra que jalar a Yolanda.
Al ver que Yolanda tenía un mechón de su cabello en la mano, Carmen perdió los estribos por completo.
—¡Suéltame! ¡La voy a matar! ¡Es una pinche hipócrita, una doble cara!
Yolanda analizó la expresión de Carmen y, un segundo después, la imitó a la perfección, sin quedarse atrás.
—¡Órale, ven! ¡Si no me partes la madre, te la parto yo!
Víctor la miró de reojo. ¿En serio estaba improvisando insultos en medio de la pelea?
—¡Ay, Carmen! ¡Ya, por favor, dejen de pelear!
Andrés acababa de entrar a la sala de estar apoyado en su bastón cuando se encontró con semejante desmadre. Sintió que la sangre le hervía y golpeó el suelo con el bastón.
—¡¿Qué carajos está pasando aquí?!

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