Estaba a punto de apagarlo cuando su dedo se detuvo en seco.
Tres notificaciones de última hora llamaban muchísimo la atención.-
#[¡Escándalo!] ¡Sale a la luz el romance secreto del jefe del Grupo Castillo! ¡Pasa la noche en el Hotel Barón con Omaira Rivas, la nueva novia de la nación! ¡Se mostraron inseparables y no salieron del hotel en toda la noche!
#[Tendencia] Acusan a la nueva actriz favorita de ser la amante; ¡le llueve hate en redes y se hace viral!
#[El escándalo del hotel] Al Grupo Castillo se le cae el teatro: sus acciones caen un 10% y la empresa pierde ciento treinta mil millones de pesos en una noche.
¿Omaira?
Yolanda abrió la foto en grande. Aunque solo se veía a un hombre y una mujer abrazados de espaldas, cualquiera con ojos en la cara podía darse cuenta de que esa cercanía no era de simples amigos. La expresión de Yolanda se enfrió un poco. Rápidamente se enfocó en la figura de la mujer e hizo zoom en la pantalla con los dedos.
La mujer de la foto llevaba el cabello suelto sobre los hombros y un elegante vestido de noche color verde agua. Tenía unos hombros perfectos y una cintura de avispa; por más que Yolanda le buscó defectos con ojo crítico, no le encontró ni uno solo.
—Omaira... ¿Desde cuándo hay alguien así en el medio?
[¡Nuevo personaje desbloqueado! Omaira, la verdadera heredera del Grupo Rivas y la pareja oficial de Javier.]
Yolanda cerró los ojos y se dio unos golpecitos en la frente. —¿Yo te di permiso de hablar?
La voz enmudeció por completo.
Ella lo pensó un momento y volvió a tocarse la frente. —Si ella es la pareja oficial de Javier, entonces, ¿yo qué soy?
[Tú eres la exesposa de relleno de Javier. Eres más hermosa que nadie, pero a él no le mueves ni un pelo. Él se mantuvo firme hasta que apareció la protagonista, Omaira, y entonces ese hombre inalcanzable cayó rendido a sus pies. Como el contraste de la protagonista, tu único propósito es resaltar el cambio de actitud de Javier. Tu personalidad estúpida y malvada es una pieza clave para que el romance entre los protagonistas avance.]
Yolanda soltó una carcajada seca. Con razón, cuando se casaron, por más que intentó coquetearle y complacer a Javier, él nunca quiso tocarla. Resulta que su destino era ser la payasa en la historia de amor de alguien más.
¡¿A qué pinche descerebrado se le ocurrió ese titular?!
Yolanda miró con asco los tacones que había dejado botados junto a la silla de mimbre.
Como doña Paula estaba ocupada en la mañana, ella misma agarró el primer par que vio en el clóset. ¡¿Por qué tuvo que ser tanta la casualidad?! Resultaron ser los zapatos que usó el día que se casó con Javier. Con razón doña Paula se había puesto rara hace un rato; seguro pensó lo mismo que toda esa bola de chismosos: que seguía perdidamente enamorada de su esposo.
¿Cómo diablos les explicaba que esa obsesión ya era cosa del pasado? Desde que se mudó a Villa Castillo y empezó a escuchar cada vez más voces, había dejado atrás todo ese enamoramiento.
Yolanda lo pensó un segundo, descargó una aplicación de compraventa de cosas usadas y puso en venta los zapatos de novia por un centavo.
Si a todo en esta vida se le podía poner precio, ella también le pondría precio a esa relación.
Se hizo un silencio absoluto.

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