Ya casi al atardecer, Yolanda regresó con calma al Jardín del Caballo. Apenas llegó a la puerta del patio, se encontró por casualidad con Paula.
Paula se acercó a ella.
—Señorita Aguirre, don Andrés me pidió que le preguntara qué necesita preparar para ir a Los Laureles.
¿Preparar?
El abuelo había pensado exactamente lo mismo que ella. Ya era hora de prepararse para hacer limpieza en la casa.
Al principio quería observar en secreto qué tipo de relación tenía Claudia con la familia de su tío Héctor. Pero ahora que se iba a Los Laureles, no podía dejar a Claudia como una amenaza latente.
Yolanda lo pensó un momento.
—Acompáñame adentro.
En la sala principal, Claudia estaba sentada en el sofá, frotándose las sienes. Desde que volvió, Valeria no había dejado de lloriquear y, entre sollozo y sollozo, espiaba de reojo la reacción de Claudia.
Poco después, una de las empleadas entró desde el patio.
—Señora, la señorita Aguirre ya regresó, pero...
Cuando Valeria regresó, le había contado en secreto a Claudia sobre la provocación de Yolanda a Víctor. Claudia había decidido darle una lección a Yolanda antes de que se fuera a Los Laureles, así que fingió indiferencia.
—¿Pero qué? Se la pasa causando problemas todo el día. Dile que se vaya a su cuarto, ahorita no quiero ni verla.
La empleada se puso algo incómoda.
—La señorita Aguirre no dijo que quisiera verla. Ya se fue a su cuarto, pero... viene con alguien más.
Claudia se quedó pasmada, sin entender bien la situación.
—¿Con quién?
De pronto, Valeria recordó algo y soltó un grito:
—¡Mamá! No podemos dejar que nadie vea lo que hay en el cuarto de mi hermana...
—¡Cállate! —La cara de Claudia palideció un poco. Lo pensó un momento y salió de prisa de la sala.

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