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ESTA VEZ, ME ELEGIRÉ A MÍ MISMA romance Capítulo 49

El ambiente tenso hacía que el amplio cuarto se sintiera aún más silencioso. Lo único que se escuchaba de vez en cuando era el sonido del juego del celular cada vez que la serpiente se comía una manzana.

«Pura pose», pensó Valeria, fulminando a Yolanda con la mirada.

Incluso si uno caminaba rápido, ir y venir del jardín principal al Jardín del Caballo tomaba al menos veinte minutos. Claudia estuvo de pie un rato y le empezaron a doler las piernas. De pronto, se dio cuenta de algo y miró a su alrededor con cara de circunstancias. ¡Maldición! Habían sacado demasiados muebles; si el abuelo llegaba, ni siquiera tendría dónde sentarse.

Claudia frunció el ceño y miró a Yolanda. ¿Acaso esa chamaca también lo tenía fríamente calculado? Mientras más lo pensaba, más le daba mala espina. Estaba dudando si debían cambiar de habitación cuando se escucharon pasos acercándose.

Unos segundos después, un par de guardaespaldas entraron cargando unas elegantes sillas de madera.

¡¿Tan rápido llegaron?!

Claudia palideció un poco pero de inmediato se compuso. Valeria se acomodó el cabello y se paró derecha.

Apoyado en su bastón y del brazo de Ernesto, don Andrés entró lentamente.

Justo en ese momento, la viborita del juego se comió la última manzana. Victoria. Yolanda bloqueó el celular, se levantó y se acercó a él con una sonrisa.

—Abuelo.

—Mi niña —dijo don Andrés, dándole unas palmaditas en la mano mientras echaba un vistazo general al cuarto.

Claudia lo observó de reojo. Como no logró descifrar su expresión, intentó ser prudente.

—Don Andrés.

Valeria, con miedo de que Yolanda le robara el protagonismo, se adelantó y le dijo con voz dulce:

—Abuelito.

Don Andrés asintió, señaló una de las sillas con una actitud tranquila y dijo:

—Siéntate, Claudia.

—Gracias —respondió ella. Esperó a que él se acomodara para sentarse.

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