Entrar Via

ESTA VEZ, ME ELEGIRÉ A MÍ MISMA romance Capítulo 50

En esa habitación, nadie más que ella misma se creía el cuento de su gran amor de madre.

La mirada cálida de don Andrés se enfrió bastante.

—Si las cosas son así, no puedo culparte. Ha sido falta de consideración mía.

Claudia creyó que hacerse la víctima le estaba funcionando, así que derramó un par de lágrimas más.

—Ay, don Andrés, usted no sabe. Yolanda es una buena niña, pero es demasiado impulsiva. A la menor provocación, no le importa nada más que hacer sus berrinches. Antes de que terminara el semestre, el tutor de su grupo me llamó solo para quejarse de ella. Me dijo que no pone atención en clase, que se porta mal con sus compañeros y que siempre anda metida en problemas. Me pidieron que hablara con ella, pero la verdad, don Andrés, ya no sé qué hacer con esta niña.

Don Andrés no demostró ninguna emoción.

—¿De verdad pasó eso?

Claudia asintió y soltó un suspiro.

—Sí, en los últimos exámenes quedó en el último lugar de toda la generación. Sus maestros dicen que con esas calificaciones no va a poder pasar de año.

Don Andrés se mostró molesto.

—¡Qué barbaridad!

A Valeria se le iluminó el rostro de inmediato y le lanzó una mirada triunfal a Yolanda. «Estúpida, ya te exhibieron. A ver si el abuelo te sigue defendiendo».

Don Andrés se volvió hacia Ernesto.

—¿Yolanda está estudiando en el Colegio Central?

Ernesto asintió.

—Así es.

—Avísale a Carlos que cancele los treinta millones de pesos que íbamos a donar al colegio este año. Les mandé a mi nieta en perfectas condiciones y ¿así es como me la educan? ¡Y todavía tienen el descaro de llamar a los padres para quejarse!

A Claudia se le cayó la mandíbula al suelo, completamente estupefacta.

Don Andrés siguió dándole órdenes a Ernesto:

—Exige que el colegio le cambie los maestros el próximo semestre. Si aun así no pueden enseñarle bien a mi nieta, la cambiaremos de escuela. —Luego, se dirigió a Claudia, que seguía con cara de boba—. Ha sido culpa mía. Ya que me has explicado lo difícil que es para ti lidiar con ella, a partir de ahora, no te meterás más en la educación de Yolanda.

—¡Don Andrés! —Claudia se levantó de golpe, sin terminar de procesar la situación—. ¿Qué quiere decir con eso?

—Pensé que, siendo su madre biológica, tu presencia sería de gran ayuda para ella. Pero como tú misma acabas de admitir que no tienes la capacidad de educarla, ya no tendrás que preocuparte por ella.

—¡Entonces todos ellos son el problema!

Claudia se quedó helada. Ese comentario la dejó tan desarmada que no supo qué más inventar.

Yolanda miró el perfil de don Andrés y sintió una calma que hacía años no conocía.

Era exactamente eso: incluso si el mundo entero estuviera en su contra, su abuelo siempre se pondría de su lado. ¿Qué tan tonta había sido en su vida pasada para haberse distanciado de un hombre tan maravilloso?

Don Andrés continuó:

—El ambiente de esta casa se ha vuelto insoportable, así que ya es hora de hacer una limpieza. Ernesto, mañana consigue al personal que sea necesario para limpiar el Jardín del Caballo a fondo. Mientras tanto, no se podrá vivir aquí, así que arregla todo para que Claudia se vaya a la casa de la costa por unos días. Podrá regresar hasta que el jardín esté completamente limpio.

—Enseguida, don Andrés —respondió Ernesto.

¿Las estaba corriendo?

Claudia finalmente perdió los estribos y volvió hacia Yolanda una mirada aterrada. Acababa de darse cuenta de la estupidez monumental que había cometido.

Haber involucrado a don Andrés fue el peor error de su vida. A él nunca le interesó arbitrar conflictos; lo único que le importaba era proteger a su nieta.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: ESTA VEZ, ME ELEGIRÉ A MÍ MISMA