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Ex-esposa en coma: Abandonada a mi suerte romance Capítulo 19

Los últimos días había estado viviendo en ese pequeño apartamento que había alquilado cuando se despertó y supo que le habían robado su dinero y no tenía otro lugar a donde ir.

Ahora, de vuelta a quien era y al lugar donde siempre había pertenecido, solamente esperaba una cosa: que esa mujer ya no estuviera en su propiedad y que el personal que había contratado para remodelar su habitación y gran parte de la casa, hubieran cumplido a cabalidad con su pedido.

Eran dos cosas sencillas. No estaba pidiendo demasiado.

Regina entró a la mansión de su familia, esperando encontrarse en el vestíbulo a esos dos individuos dispuestos a dar inicio a una guerra sin cuartel. Pero en su lugar, el área estaba completamente vacía y no tuvo más remedio que sentirse aliviada ante esto.

Se habían ido.

Los dos.

Sonriendo para sí misma, dio marcha a una caminata que la llevaría hasta su habitación. Esa misma habitación que esperaba que ya no oliera a Nicolás y, mucho menos, a esa arpía desvergonzada de Alicia.

Regina, sin poderlo evitar, recordó las palabras del hombre.

“Debes saber un par de cosas antes... Nunca he tenido relaciones sexuales con Alicia.”

¡Mentiroso!, gritó una vocecita furiosa en su mente.

¿Por qué clase de estúpida la tomaba?

Era evidente que aquella habitación había estado inundada de escenas pornográficas protagonizadas por ellos.

Y no, nada le haría pensar lo contrario a eso.

Nicolás era astuto y estaba dispuesto a reconquistarla, así que debía de irse con mucho cuidado porque era muy peligroso.

Pero no caería en sus mentiras. No más.

Sacudiendo la cabeza, abrió la habitación y se sorprendió gratamente ante la nueva decoración de la misma. Habían cambiado las cortinas, la cama y la mayoría de los muebles. Todo lo habían puesto nuevo. Cualquiera podría considerar que aquello era extremo, pero no, era absolutamente necesario. No quería nada que hubiese sido utilizado por ese par, ni siquiera su antigua ropa.

En su lugar, se había tomado la tarea de comprar ropas nuevas que fueran compatibles con su nueva faceta: la faceta de ejecutiva.

A Regina nunca le habían gustado los negocios ni el trabajo empresarial, pero no permitiría por nada del mundo que el legado de su familia se perdiera por completo.

Y así, con ese buen humor, vacío su maleta, llenando los armarios con las nuevas prendas que había adquirido. Luego, simplemente, decidió que era el momento de darse un baño y festejar en el jacuzzi con una copa de vino.

Se lo merecía.

Había estado en coma por cinco años.

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