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Florecer en Cenizas romance Capítulo 456

Italia.

No era fácil encontrar un respiro en medio de tanta pelea entre los de casa, pero Agustín sí que sabía elegir el momento perfecto: apenas pudo, se escapó para pasar unos días con su esposa y su futuro bebé.

Facundo se la pasaba refunfuñando al teléfono. Ahora que Firmeza Global andaba en pleno apogeo, él esperaba que el “fallecimiento temporal” de Agustín sirviera para que lo apoyara en la dirección de la empresa. Pero en cuanto se descuidó un segundo, Agustín ya había desaparecido.

—Sr. Agustín, disfrute a su señora —gruñía Facundo por dentro, aunque por fuera solo podía mantenerse respetuoso.

Después de todo, se trataba de Agustín.

Pero Fabián no era tan considerado con él.

Apenas terminó la llamada con Facundo, el teléfono de Agustín volvió a sonar: era Fabián. Estos dos parecían ponerse de acuerdo para bombardearlo uno tras otro.

—¡Agustín! ¿De verdad piensas quedarte allá hasta que tu esposa tenga al bebé o qué? —tronó Fabián, casi explotando—. ¿No te has enterado que Gastón se volvió loco?

—Te lo dije, ese muchacho es un caso perdido. Antes de irse del país, convenció a Cristóbal y a Violeta para que le entregaran el control del Grupo Lucero. Y luego puso a Violeta como directora ejecutiva. ¿Tú me vas a decir que eso es normal?

Fabián casi se desmayaba de coraje.

—Si sigues allá encerrado, ese Grupo Lucero se lo va a llevar al hoyo ese chavo, ¡te lo digo en serio!

Fabián, que siempre andaba tranquilo y sereno como un monje, estaba a nada de explotar gracias a Gastón. Pero claro, Gastón tenía un don especial para sacar de quicio a cualquiera.

Agustín solo sonrió.

—¿Cuántos años tienes tú y cuántos tiene Gastón? Ya les pegó la brecha generacional.

Sabía que los jóvenes tenían su propia manera de resolver las cosas. No pensaba meterse más de la cuenta. Él confiaba en Gastón, aunque a veces su fe pareciera un salto al vacío.

—De plano... estás igual de loco que él —replicó Fabián, sin poder creer lo que escuchaba.

¿En serio Gastón era tan digno de confianza?

...

No tenía claro qué había pasado entre Agustín y Tomás Rodríguez, pero sí percibía que la relación entre ambos era tensa y complicada.

Varias veces Tomás había ido por ella, y Agustín ni siquiera se asomaba. Al principio, Fabiola pensó que Agustín no confiaba en Tomás, que por eso no quería que nadie supiera que seguía vivo. Pero una vez se le olvidó el reporte del hospital y Agustín salió a entregárselo, solo para ignorar por completo a Tomás. Ni una mirada, nada. Y Tomás tampoco le dirigía palabra, como si fueran completos extraños.

Así que, al mencionarle la idea de que Tomás viniera a cenar, Agustín se sorprendió tanto que dejó caer el pan sobre la tabla.

—¿Para qué lo quieres invitar? ¡No, ni hablar!

Fabiola lo miró fijo.

—Amor... ¿tú y mi tío tienen algún problema?

—Nada que ver —evadió Agustín, apartando la mirada y girando para huir.

En ese momento, desde la entrada, Griselda apareció emocionada, trayendo a Gastón con ella.

—¡Miren quién llegó!

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