Era su fachada habitual, vacía de cualquier sentimiento real.
El peor error que podía cometer alguien era hacerse ilusiones.
Sebastián volvió a mirar a Cecilia y le dejó en claro su postura: —Dejar que este rumor crezca no le conviene a nadie. Por el bien de la reputación del Grupo Zambrano, el compromiso entre Silvana y Claudio queda cancelado definitivamente. Anunciaremos que nunca existió tal acuerdo.
El rostro de Cecilia se congeló.
No esperaba que esa fuera la respuesta.
Había venido a exigir cabezas.
Pero ahora...
Parecía que no le quedaba otra opción.
Vera sostenía la bolsa de hielo, mirando el apuesto y frío rostro de su marido con una sonrisa amarga.
Así que ese era su verdadero objetivo.
Aprovechar la situación para cortar de raíz el compromiso de Silvana con la otra rama de la familia y así allanar el camino para...
Hacer su relación oficial.
Era evidente que a Sebastián le urgía darle a Silvana el lugar que merecía...
—Carmen, acompaña a la tía a la puerta.
Sebastián no estaba negociando.
Dicho esto, le dirigió una mirada indescifrable a Vera y volvió a subir las escaleras.
Cecilia estaba furiosa, pero no se atrevía a desafiar al futuro patriarca y heredero absoluto de la familia Zambrano.
Solo le quedó fulminar a Vera con la mirada antes de irse. —¡No eres más que una inútil ama de casa! Aparte de fregar platos no sirves para nada. ¿De qué te sirve tener una cara bonita? No tienes la inteligencia ni la astucia de Silvana, por eso terminaste así. ¡Te lo mereces, Vera!
Vera ya ni siquiera tenía ganas de contestar.
Ella misma sentía que todos sus años de sacrificio y esperanza habían sido una reverenda estupidez.
Fue al baño a lavarse.
Tenía la piel de porcelana, así que, aunque había esquivado gran parte del golpe, su mejilla seguía un poco roja e inflamada.
Se lavó el rostro con agua fría.
Respiró hondo.
No tenía la menor intención de cargar con la culpa del circo mediático del hospital.
Le preguntó a Carmen y supo que Sebastián estaba de nuevo en la habitación.
Esta vez, recordó la regla de tocar la puerta. A fin de cuentas, esa ya no sería su casa en el futuro.
Tenía que comportarse como una invitada.

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