Vera jamás esperó encontrarse en una situación semejante. Era tan absurdo que no pudo evitar soltar una risa corta e incrédula.
—¿Me estás diciendo que probablemente estaban trabajando y no pudieron contenerse, y que ahora mismo están haciendo *eso* en la oficina?
Sus palabras fueron tan directas que el empleado se rascó la cabeza, avergonzado.
—Bueno, son jóvenes, están en la etapa del enamoramiento. Además, la señorita Iriarte será la futura dueña de la empresa; esto es como si fuera su casa. Iré a tocar la puerta, no la haré esperar mucho.
Vera esbozó una sonrisa ladeada.
—Adelante, gracias.
Qué novedad. ¿Acaso estaba a punto de presenciar la escena romántica de su esposo antes de firmar el acta de divorcio? Incluso pensó que, si los pillaba, podría grabar un video. Sería la evidencia perfecta para asegurar su divorcio sin que la familia Zambrano pudiera detenerla...
—Adelante, señorita Suárez.
Sin embargo, la puerta se abrió justo cuando Vera consideraba convertirse en la esposa histérica, arruinando así su oportunidad.
Vera negó con la cabeza, decepcionada. Miró la puerta y, tras dudar un par de segundos, entró a paso lento.
No sabía si habían ordenado el lugar, pero la enorme oficina no mostraba nada fuera de lo común. Lo primero que vio fue a Sebastián sentado tras el escritorio, y a Silvana de pie a su lado, inclinada y susurrándole algo al oído. Ciertamente había una intimidad innegable entre ambos.
Los dos levantaron la mirada hacia ella. Los ojos de Sebastián permanecieron impasibles, sin mostrar la menor perturbación por su llegada.
—¿Vienes por el proyecto?
—¿No le respondí ya a Héxilo Digital? —interrumpió Silvana, claramente molesta—. La investigación médica no se puede apresurar por más que presionen.
Vera captó de inmediato la hostilidad de la otra mujer. Se sentó en el sofá para visitas con total tranquilidad y dijo:
—O sea que estás admitiendo que no tienes la capacidad, que retrasaste un cronograma normal por incompetencia y ahora esperas que la empresa asociada asuma las consecuencias.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano