A Vera le dolió la cabeza solo de escucharla. Caminó en círculos un momento antes de poder encontrar la voz:
—¿Saúl Jr. sigue en la misma escuela que Lina?
—¡Pues claro! Una amiga mía, cuyo papá está en la dirección del kínder, me lo confirmó hoy. ¿Recuerdas que a Lina le quitaron su lugar y yo fui a reclamar? Me dijo que Sebastián usó sus influencias y la escuela hizo una excepción para darle un cupo extra a Saúl Jr.
Ivonne soltó una carcajada llena de rabia y ganas de maldecir.
—Si es tan poderoso, ¿por qué no arregló el cupo extra desde el principio? ¡Ah, no, tenía que robarle el de Lina! Y ahora, encima, no lo cambia de colegio. Si a la larga se llegan a cruzar con ella...
Esa era exactamente la preocupación de Vera. Lógicamente, había asumido que Sebastián buscaría otro colegio prestigioso para acomodar a Saúl Jr. Jamás imaginó que pasaría esto.
Las clases estaban a punto de empezar. Ya era demasiado tarde para buscarle otra escuela a Lina. Después de todo, Vera no era Sebastián Zambrano; no tenía el poder para que las puertas se le abrieran mágicamente.
Si Lina no entraba ahora, perdería el año escolar. Estudiar en la capital ya era complicado de por sí, ni hablar de un colegio privado de ese nivel.
Vera tenía la mente hecha un lío. Se frotó el puente de la nariz.
—Al menos que Sebastián vaya seguido a recoger a Saúl Jr., es poco probable que lo descubra.
—Tienes razón. Con el nivel que maneja Sebastián, y considerando que Saúl Jr. es de la familia Iriarte, no tiene sentido que ande metido en el colegio a cada rato —respondió Ivonne.
Aunque eso sonaba lógico, a Vera le costaba calmarse.
Ivonne trató de animarla: —Tranquila. Pase lo que pase, nuestra niña lleva el apellido Herrera. Mi primo regresará al país el próximo mes. Legalmente, Adriano Herrera es el padre de Lina. Incluso si Sebastián se la cruzara, jamás se le ocurriría pensar que es hija suya. Tenemos un plan de respaldo.
Vera asintió, dándole la razón. Lina estaba registrada en la cartilla familiar de Adriano. E incluso si Sebastián llegara a enterarse de la verdad algún día, el documento donde renunciaba voluntariamente a la custodia —que firmó sin saberlo— le impedía retractarse. Vera había tomado muchísimas precauciones para proteger a su hija.
Al recordar la figura de Adriano y pensar que los trámites de divorcio estaban por concluir, la tensión en el cuerpo de Vera disminuyó un poco.
Estado de Leo Flores: *Silvana se enfermó, así que le compraron unos relojes de pareja de casi dos millones para alegrarla. La pareja perfecta.*
Vera vio la foto adjunta. Era una toma desde la perspectiva de una tercera persona en una joyería de lujo. Sobre el mostrador, había dos estuches con unos exclusivos relojes de pareja. En una esquina de la foto, aparecía una mano masculina, elegante y llamativa, sosteniendo una tarjeta negra, a punto de pagar.
Vera conocía demasiado bien las manos de Sebastián. Él jamás había usado su anillo de bodas. Sin embargo, por Silvana, estaba dispuesto a romper sus propias reglas y lucir un reloj a juego con su amante.
—¿Vera? —Carla la llamó un par de veces al no obtener respuesta.
Vera contestó: —Entendido. Lo hablamos en la oficina.
Casi se le olvida que Leo Flores era un cabo suelto. Seguía en su WhatsApp, contaminando su paz mental. Entró a su contacto y lo bloqueó sin titubear.
Solo entonces se puso a pensar en el hecho de que Sebastián había puesto al equipo de Cénit MedTech a trabajar para Silvana.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano
Porque no hay más capítulos...
Que lastina que no esta gratis para poder leerlo😭😭...