¡Como si de verdad tuvieran ganas de verla!
¡No eran más que peones en el juego de Silvana!
—Señorita Herrera, ¿segura de que vinieron a mostrar preocupación y no a causar más problemas? —dijo Leo con una sonrisa burlona, lanzándole a Vera una mirada extraña y cargada de desconfianza.
Julián observó a Vera detenidamente, notando la serenidad en su rostro, y entrecerró ligeramente los ojos.
—Uy, si les parece que nuestra presencia no tiene suficiente nivel, puedo contratar a una banda para que venga a tocar música de luto a la entrada, ¿les parece bien? —respondió Ivonne con una sonrisa fría.
Detestaba profundamente a ese grupo de niños ricos.
¡Eran todos unas víboras de la misma calaña!
Leo se atragantó con sus palabras.
El comentario había sido demasiado venenoso.
Silvana también entendió la indirecta y su rostro se ensombreció.
¿Acaso le estaba deseando la muerte?
Vera tiró suavemente del brazo de Ivonne y clavó la mirada en Silvana, quien se veía bastante bien en su cama de hospital.
—Ya que parece que estás fuera de peligro, ¿cuándo piensas retomar el progreso del proyecto con la universidad?
La mirada de Silvana se volvió gélida. Esbozó una sonrisa forzada y se reclinó cómodamente en las almohadas.
—Qué pena, pero debido a que alguien me tendió una trampa, terminé herida. Me temo que el proyecto tendrá que esperar un poco más.
Vera ni siquiera se sorprendió al escuchar eso.
Si ya se daba aires de grandeza estando sana, ¿qué no iba a hacer ahora que tenía una lesión leve?
Siendo así...
Echarla del proyecto era la decisión más lógica y justificada.
—Perfecto, entonces sigue descansando, tómate todo el tiempo del mundo —dijo Vera. Habiendo obtenido su respuesta, no tenía intención de quedarse más tiempo.
Si ya había decidido sacar a Silvana del equipo, entonces que se quedara acostada hasta el fin de los tiempos si quería.
—Vera, ¿no piensas darme una explicación? —resonó de pronto la voz de Silvana a sus espaldas.
Vera no tuvo más remedio que detenerse.
Se giró, mirándola con confusión.

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