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Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano romance Capítulo 251

Leo Flores no pudo ocultar su asombro. —¿Acaso el director Zárate perdió la cabeza? Con un equipo tan grande y tantos investigadores experimentados, ¿darle el crédito principal a Vera Suárez? ¿De verdad Vera tiene tanto encanto?

Julián Valdés lo miró con seriedad. —¿Por qué no puede ser simplemente que Vera tenga el talento necesario?

Silvana Iriarte miró con mala cara el nombre de Vera proyectado en la gran pantalla. Con un tono cargado de resentimiento, murmuró: —Es imposible.

Tomó una respiración profunda antes de continuar: —No olviden lo que pasó hace poco. Héxilo Digital casi expulsa a Vera de las pruebas clínicas. Además, con todo el dinero que Sebastián invirtió en Héxilo, Vera, siendo la cara visible, fue la razón por la que consiguieron esa financiación. Eso es suficiente para que la traten de manera especial. No es más que un honor comprado, no tiene ningún mérito real.

Se refería al incidente en el hospital con Saulito. Vera había estado a punto de perder su trabajo en Héxilo por eso.

Silvana sospechaba que Vera había sido quien le dio la idea a Pedro Zárate de extorsionar a Sebastián Zambrano por esa enorme suma de dinero, ganándose así el favor del director.

Leo Flores asintió, convencido de que esa era la explicación más lógica. Negó con la cabeza y dijo: —¿Y hasta dónde cree que llegará así? Hoy se roba este reconocimiento, pero ¿y la próxima vez?

Silvana sonrió con burla en silencio. Lo que Vera había hecho era prácticamente un robo; se había apropiado del esfuerzo de todo el equipo de Héxilo y de la Universidad Central.

Tarde o temprano, todos se pondrían en su contra. Su momento de gloria no duraría mucho.

—¿Sebastián? —Aunque Silvana intentaba convencerse de eso, sentía que la sangre le hervía de envidia y frustración. Se volvió hacia Sebastián Zambrano con una expresión de súplica y tristeza.

Sebastián se levantó lentamente, ignorando su mirada, y se dirigió a un pensativo Julián Valdés: —Tu abuela parece estar muy interesada en Vera.

Al escuchar que él mencionaba a Vera, Silvana apretó los labios, aún más disgustada.

Julián también frunció el ceño. ¿Era cierto? Su abuela nunca había sido tan cálida con nadie.

-

Fuera del recinto, Vera podía imaginarse más o menos lo que estaba ocurriendo adentro.

Justo en ese momento, vio a Doña Elia Valdés a punto de subir a su coche. La anciana la vio y le hizo señas con la mano al instante.

Pedro: —... —Sintió unas ganas inmensas de pellizcarla.

Estaban acostumbrados a bromear así, pero ese día tenían motivos reales para celebrar. El medicamento estaba oficialmente terminado. Ahora el resto de los departamentos de la empresa se encargarían de los siguientes pasos.

Pedro sugirió: —Todos han trabajado muy duro por mucho tiempo. Hay que organizar una cena de celebración y luego un viaje para relajarnos. Yo me encargaré de planearlo.

Vera no se opuso. Después de tantas noches en vela en el laboratorio, todos estaban agotados. Aún faltaba tiempo para que el medicamento entrara en el sistema de salud y saliera al mercado, pero la etapa más difícil ya había pasado.

Estaba a punto de subir a su coche cuando su teléfono sonó.

Sin mirar quién era, contestó directamente: —Hola.

Hubo un instante de silencio al otro lado.

Luego, la voz fría y profunda de un hombre resonó en el auricular: —Vera, soy Adriano Herrera. He vuelto al país, ¿tienes tiempo para vernos?

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