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Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano romance Capítulo 27

Sebastián, mientras caminaba hacia su escritorio, bajó la mirada para desabotonarse el saco. Sus ojos se fijaron de reojo en Vera: —¿Qué documento es tan urgente?

Vera entendió la indirecta.

Probablemente le molestaba que hubiera aparecido sin avisar.

No quería que su identidad saliera a la luz bajo ninguna circunstancia.

Para no arruinarle la reputación a Silvana.

Vera sonrió con amargura, se acercó y dejó el documento sobre su escritorio, evitando su mirada y señalando el papel.

Sebastián posó los ojos en el escritorio y leyó el título de la primera página.

Separación de Bienes y Clarificación Financiera.

—Voy a comprarle una casa a mi abuelo. Usaré mis ahorros personales y sacaré un crédito, así que necesito que firmes esto para dejar claro que es una compra con mis propios fondos.

Vera habló con el tono más frío y calculador posible, sin mostrar ninguna emoción.

Si le decía directamente que era una cláusula extra para el divorcio, sabía que Sebastián leería detenidamente cada maldita página.

No podía arriesgarse a eso.

Tenía que usar otra estrategia.

Sebastián le echó un vistazo rápido al contrato sin darle mucha importancia: —¿Para qué vas a pedir un préstamo? Dime cuánto necesitas, yo te lo transfiero.

Él sabía mejor que nadie que Vera no venía de una familia estable.

La familia Suárez era pequeña y débil.

Y durante todos estos años, Vera había cargado sola con todo el peso.

Que Sebastián ofreciera dinero no era una sorpresa para ella.

Sabía que, en temas de dinero, él siempre era generoso.

Pero en el pasado, ella nunca se lo había pedido, y él nunca se lo había ofrecido por iniciativa propia.

Porque no había amor, no había verdadero interés.

Sin embargo, ahora necesitaba una excusa perfecta.

Las casas en la capital eran las más caras de todo el país. Alguien que siempre había trabajado en la sala de urgencias de un hospital, con un salario normal, claramente no tendría ahorros para comprar algo así. Decir que iba a pedir un préstamo hipotecario y pedirle que firmara este documento era la excusa más lógica.

—Para evitar cualquier problema de bienes mancomunados en el futuro. No quiero que la gente empiece a decir que le compro cosas a mi familia usando tu dinero. No quiero problemas innecesarios.

Fue entonces cuando Sebastián clavó su mirada oscura en ella.

Prefería endeudarse antes que gastar un centavo suyo.

Pero apenas dos segundos después, dijo con tono tranquilo: —Como quieras.

El documento tenía la página de las firmas al final.

Él lo miró, pero no firmó de inmediato.

Lo levantó y empezó a hojearlo.

Esa simple acción hizo que a Vera se le paralizara el corazón.

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