Incluso Julián pareció darse cuenta de lo irracional que sonaba su propia exigencia.
Se frotó el entrecejo, frustrado, y soltó una risa amarga: —Hay que admitir que Vera sabe cómo causar verdaderos desastres. Yo rompiéndome la cabeza pensando qué bruja tenía embrujado a Adriano, ¡y resulta que la tenía frente a mis narices!
Se calló de golpe, sintiendo que había cruzado un límite.
Al fin y al cabo, Sebastián seguía siendo el marido de Vera, sin importar los problemas que tuvieran.
Julián lo miró con aprensión.
Había soltado una serie de exigencias que rayaban en lo ridículo, y sin embargo, Sebastián no mostraba la más mínima señal de indignación o sorpresa.
Incluso cuando lo acusó de que Vera estaba seduciendo a Adriano, Sebastián se mantuvo... exageradamente frío.
Sebastián dirigió su mirada hacia el otro extremo del salón.
Julián, por inercia, siguió su vista.
Entre la multitud que iba y venía, le tomó varios segundos encontrar a Vera, de espaldas. Era a ella a quien Sebastián estaba mirando.
Julián no pudo evitar comentar: —Tienes una vista de águila.
—Este asunto no es tan difícil de resolver —dijo Sebastián con un tono neutral, ignorando por completo el comentario de Julián.
Julián se giró hacia él: —¿Estás de acuerdo, entonces? ¿Me vas a ayudar a retener a Vera? ¿No te divorciarás aún?
Ante la ráfaga de preguntas, Sebastián tampoco dio una respuesta directa. Habló despacio: —El secreto de que Adriano tiene una hija no reconocida siempre estuvo muy bien guardado, pero hace poco empezaron a salir rumores. Solo hay un par de razones lógicas para eso, y una de ellas es que fue provocado a propósito. Lo más probable es que él nunca haya tenido la intención de aliarse con la familia Valdés, y está usando la existencia de su hija para obligarlos a ustedes a cancelar el compromiso.
El corazón de Julián dio un vuelco al enfrentarse a esa cruda realidad.
Lo que Sebastián decía... tenía todo el sentido del mundo.
Él se había dejado llevar por el enojo y había olvidado analizar el panorama completo.
Ahora que Sebastián lo ponía sobre la mesa, despertó de golpe.

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