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Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano romance Capítulo 295

O tal vez se las rechazaba para complacer a Silvana.

Vera se negaba a ser un peón en sus jueguitos retorcidos de pareja.

—Ajá —respondió Sebastián con desgana, sin darle importancia.

Vera no esperaba disculpas, así que fue al grano:

—Quiero una fecha exacta para firmar los papeles del divorcio.

Fue entonces cuando él clavó sus ojos en ella.

Sin importarle lo que estuviera pensando, Vera continuó con firmeza:

—También necesito que finanzas apruebe el segundo pago para Héxilo Digital lo antes posible. Nuestro proyecto no puede seguir estancado.

Esas eran sus dos únicas demandas.

Alzó el mentón, desafiante.

—Supongo que a ti tampoco te conviene que el trámite de divorcio siga en el limbo o se cancele. Cada día que pasa sin que esto se resuelva, Silvana sigue siendo la amante. Retrasarlo solo obstaculiza tu final feliz con ella, y a mí me arruina mis planes.

Sebastián la observó con frialdad y lanzó la pregunta con un tono indiferente:

—¿Acaso necesitas el acta de divorcio para volver a casarte?

Vera se quedó paralizada un segundo.

¿Así que él creía que tenía tanta prisa por el acta para poder casarse con Adriano?

Si eso era lo que pensaba, mucho mejor. Le servía de excusa perfecta para ocultar que en realidad necesitaba los papeles para resolver los trámites legales de Lina.

—¿Para qué trámite no se necesita? —contratacó.

Para los registros civiles, para el matrimonio, para comprar propiedades, para el trabajo... un documento así era indispensable.

—Quiero una respuesta clara sobre estos dos asuntos hoy mismo —exigió Vera, sin ceder ni un milímetro, acorralándolo con la mirada.

Sebastián bajó la vista, manteniendo su expresión inescrutable.

Justo cuando estaba por abrir la boca, la voz de Silvana resonó desde la esquina del pasillo:

—¿Sebastián?

Lo estaba buscando.

Sin dudarlo ni una fracción de segundo, él se alejó de Vera con pasos largos en dirección a la voz.

Era obvio que no quería que Silvana los viera a solas. Quería evitar cualquier malentendido y, sobre todo, no quería que ella se angustiara.

Esa devoción inquebrantable, ese impulso de poner a Silvana por encima de cualquier cosa en el mundo, quedó expuesto con una claridad dolorosa.

Vera sintió un nudo en la garganta. ¡Sus asuntos siempre serían desplazados al último lugar de su lista!

Sin haber obtenido una respuesta, regresó al salón principal con el humor por los suelos.

La celebración ya estaba en la etapa de los brindis.

Capítulo 295 1

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