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Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano romance Capítulo 33

Él se había acercado con buenas intenciones para consolarla. ¿Acaso Vera Suárez no sabía apreciar un buen gesto?

Julián Valdés frunció el ceño.

¡Incluso él mismo sentía que haber ido tras ella era una estupidez! ¡Como si le hubieran hecho brujería!

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Vera no le dio importancia al asunto de Julián.

Al bajar las escaleras, llegó a la mesa reservada que le habían indicado. No vio a nadie.

El mesero que momentos antes le había avisado sobre su cita se acercó de nuevo:

—Señorita Suárez, disculpe, yo solo seguía las instrucciones de la gerencia.

Vera era inteligente y al instante comprendió todo el enredo.

Era muy probable que ese supuesto "candidato" nunca hubiera existido.

Todo había sido una obra orquestada por Doña Isabel.

Primero, hacer que se encontrara con Sebastián Zambrano en el salón privado, para forzar una cena juntos. Y luego, inventarse a un hombre ficticio en un intento de despertar los celos... ¿de su esposo?

Estaba claro que la abuela aún no se daba por vencida y quería reconciliarlos a toda costa.

Pero Doña Isabel seguramente no imaginó que la situación terminaría así. En el escenario que había montado no solo estaban ella y Sebastián, sino también la "mujer destinada", Silvana Iriarte.

Vera miró al mesero y le dijo:

—No te preocupes, puedes retirarte.

De todos modos, ella había ido ese día para dejar las cosas claras. Si el hombre no existía, le ahorraba saliva y esfuerzo.

En el fondo, sabía por qué Doña Isabel se esforzaba tanto, y no era precisamente por un gran cariño hacia ella.

Su único temor era que el inminente divorcio trajera inestabilidad y escándalos a la familia Zambrano.

Después de todo, lo de Claudio no era un delito imperdonable, y la familia ya había movido sus hilos. Seguramente saldría libre muy pronto. A la anciana le aterraba cualquier contratiempo.

Pero a Vera ya no le importaban sus planes ni sus intrigas.

Ya que estaba allí, no planeaba irse con el estómago vacío. En esta vida, uno no puede dejarse gobernar por las emociones. Tenía que seguir adelante con su propia vida.

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