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Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano romance Capítulo 344

Vera no esperaba que, antes de que ella misma buscara a Silvana Iriarte para ajustar cuentas, esta última ya se le hubiera adelantado con una actitud arrogante y hostil.

Esa postura altiva la hacía parecer como si los recientes escándalos jamás hubieran ocurrido.

Vera sabía perfectamente lo que Silvana estaba pensando.

Seguramente estaba convencida de que los incidentes de La Gran Celebración Anual Zambrano jamás llegarían a oídos de los empleados comunes. Al fin y al cabo, solo los altos ejecutivos presentes sabían que Silvana era la amante, así que la mujer seguía aprovechándose de esa falta de información para darse aires de grandeza.

—Llama directo a la recepción —dijo Silvana, mirando su reloj con impaciencia, evidenciando su molestia por la presencia de Vera en ese lugar.

Desde aquella noche, «Faye» no había tomado medidas legales en su contra, y el Dr. Pascual Zárate tampoco había continuado con las reprensiones.

El asunto no había pasado a mayores.

Eso le dejó muy claro que, tras el altercado con Leo Flores, Sebastián Zambrano se había encargado de solucionarle el problema.

Aunque Vera se muriera de ganas de arrastrarla por el fango, ya no le serviría de nada.

Es cierto que la oficina de patentes le había notificado que el caso seguía bajo investigación y que, de confirmarse el plagio y registro de mala fe, le revocarían todos los derechos.

Pero no le preocupaba.

Ya había hecho sus averiguaciones.

Faye nunca había registrado el proyecto.

Al no poder presentar pruebas de un registro previo, la patente terminaría siendo suya. Cuando llegara el momento, diría a la prensa que todo fue un malentendido y le añadiría un toque de victimismo; el público le creería.

—Pero... —murmuró alguien del equipo de Silvana, mirándola con dudas—. A este piso solo se puede subir con tarjeta de acceso, ¿no? ¿Será alguna invitada del Director Tamayo?

Desde que el equipo de Investigación y Desarrollo (I+D) se había mudado a esa planta, manejaban información confidencial.

No se permitía la circulación de personal externo.

Nadie subía allí porque sí.

Vera se cruzó de brazos, observando la escena con una ligera sonrisa en los labios.

Tenía mucha curiosidad por ver hasta dónde estaba dispuesta a llegar Silvana.

Silvana frunció el ceño; por supuesto que lo sabía.

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