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Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano romance Capítulo 8

No era como si estuviera entre la espada y la pared. Evidentemente, tenía mejores opciones por delante...

Esa tarde, quedó en almorzar con Ivonne.

Ivonne ya le había enviado la ubicación por mensaje.

Era un restaurante cerca de allí.

En cuanto Vera entró al restaurante, Ivonne la saludó con la mano desde su mesa y le sirvió una taza de café: —¿Ya arreglaste lo de la renuncia?

Vera asintió: —Sí, ya casi termino los trámites.

—Cuando le pediste el divorcio, ¿cómo reaccionó Sebastián? —Ese era un detalle que a Ivonne le daba mucha curiosidad.

Sabiendo cómo eran los hombres de su clase, ¿no sentiría que el hecho de que su esposa se lo pidiera primero era un golpe a su machismo?

Vera observó el vapor que subía de su taza y negó con la cabeza: —No le importó en absoluto.

Ni siquiera tuvo la decencia de sentarse con ella a hablar en paz sobre el tema.

Aun cuando ella ya no aguantó más y le pidió el divorcio, él seguía tratándola como si fuera invisible.

Pensándolo bien, los hombres eran criaturas patéticas. Ellos podían ignorarte todo lo que quisieran, pero no soportaban que tú los dejaras primero.

A Ivonne le crujieron los dientes de la rabia: —¿Ese tipo tiene una piedra por corazón? ¡Han sido siete años! Cualquier persona con un poco de sangre en las venas habría sentido algo.

Vera ya no sabía si echarse a llorar o a reír.

Su fracaso era tan evidente, su corazón pisoteado de tal manera, que no había forma de esconderlo.

Toda la tristeza y el dolor que había soportado estos siete años, solo ella lo sabía.

Pero ya se había quedado sin lágrimas.

Hacía mucho que había dejado de ser esa mujer dispuesta a arrastrarse por unas migajas del amor de Sebastián.

Ivonne le preguntó qué había sido lo que finalmente la había hecho tomar la decisión.

Vera no le ocultó nada. Le relató tal cual lo que había ocurrido en urgencias.

La cara de Ivonne se desfiguró de la indignación. Golpeó la mesa y se puso de pie: —¡Ese par de sinvergüenzas no tienen pudor! ¿Y esa Silvana qué se cree? ¡Su prometido no lleva nada en la cárcel y ya está... revolcándose con el primo! ¡Y para rematar, embarazada!

En todos sus años de vida, ¡nunca había escuchado algo tan escandaloso!

Vera sabía que Ivonne era muy efusiva y que, cuando se alteraba, alzaba demasiado la voz.

Rápidamente, la tomó del brazo para calmarla.

La verdad es que no tenía muy claros todos los detalles de la noche anterior.

La enfermera se lo había contado así, y Vera solo le estaba repitiendo a Ivonne la versión de los hechos que había escuchado.

Capítulo 8 1

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