Apenas el conductor entró al auto, subió la división de forma muy discreta.
Elián, sintiéndose más libre, se pegó casi por completo al cuerpo de Irmina, besando sus labios.
Sus movimientos eran excepcionalmente tiernos y cuidadosos.
Después de un rato, sintiendo que no era suficiente, la tomó en sus brazos y la sentó sobre su regazo. Luego, con una mano en su nuca, la besó con total entrega.
La mano de Irmina, que al principio descansaba sobre el pecho de él, se suavizó al ver la devoción en sus ojos y terminó rodeando su cuello.
Al sentir la respuesta de Irmina, el corazón de Elián se aceleró como si un espectáculo de fuegos artificiales hubiera estallado en su mente.
La abrazó con fuerza, hundiendo el rostro en su cuello y susurró:
—Irmina, te amo.
Irmina respondió con un simple «mm».
Elián levantó la cabeza para mirarla de nuevo, con una pizca de dolor en los ojos.
—¿Solo un «mm»?
»¿No me amas?
Irmina escuchó las palabras del hombre y sonrió con resignación.
—Claro que te amo. Pero espero que tú puedas amarme un poco más.
»Después de todo, yo ya te amé con todas mis fuerzas antes.
Al oírla, Elián apretó un poco más el abrazo.
—De acuerdo.
»Entonces, yo te amaré más.
El conductor entró en el patio de la Mansión Fuentes y, tras detener el vehículo suavemente, anunció:
—Señor, señora, hemos llegado.
—Puedes retirarte —dijo Elián, asintiendo.
El conductor, siguiendo la orden, abrió la puerta y bajó del auto.
—Espero que más tarde, en la cama, no cambies de opinión y me pidas que vaya más rápido.
Las palabras de Elián la hicieron sonrojar. Le dio un golpecito en el pecho para que dejara de ser tan zalamero.
Él rio en voz baja y la llevó a la habitación, depositándola con ternura sobre la cama.
Irmina recordaba que, al salir por la mañana, la habitación no se veía así.
Ahora, estaba llena de flores frescas, con pétalos esparcidos por el suelo, y todas las luces habían sido cambiadas por una iluminación cálida y acogedora.
Elián se inclinó sobre ella, apartando suavemente un mechón de cabello de su frente, con la mirada llena de ternura.
—Irmina, he esperado este día por mucho tiempo.
Irmina, observando sus ojos llenos de amor, levantó la mano y acarició su frente.
—Lo sé —dijo en voz baja—. En los días que vienen, espero que el señor Fuentes se porte bien y no me decepcione.
Elián se inclinó y la besó en los labios.
—Empezaré a portarme bien desde ahora mismo.

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