Relata Dominic
Estoy nervioso, no puedo quedarme quieto, siento mis manos sudar y todo en mi estremecerse, mis ojos no se apartan ni un solo instante de la entrada, esperando el momento en que el amor de mi vida, cruce por esa puerta. No puedo con tanta emoción y la alegría que siento, Vittorio y Bruno, están a mi lado tratando de tranquilizarme, pero no lo logran, los segundos, los minutos se me hacen eternos.
He visto mi reloj mil veces y creo que eso es poco, ella nunca llega y comienzo a desesperarme al temer que algo pudo pasarle, inmediatamente me riño en mi interior, los nervios y la ansiedad están haciendo estragos conmigo, debo calmarme o en lugar de boda, habrá un velorio, si no es que, de tantas emociones juntas, me da un ataque al corazón.
Respiro profundamente varias veces y parece que está funcionando, la ansiedad poco a poco va menguando. Cuando finalmente creo que mi crisis se ha controlado y que al fin me he dominado, noto un alboroto que se forma afuera y la marcha nupcial que ahora suena por toda la iglesia, mi princesa ha llegado. El corazón comienza a latirme desenfrenado, un poco más y se me sale del pecho. El pulso se me descontrola y es entonces que la veo entrar del brazo de su hermano, Oh Dios Mío, murmuro, en lo que un escalofrío me recorre entero, un nudo se instala en mi garganta, las lágrimas se acumulan en mis ojos y se desbordan por mis mejillas como manantiales. No lo resisto, no puedo más, las ganas de llorar me vencen, son imposibles de reprimir, está tan hermosa, tan espectacular y maravillosa, que parece una reina de cuentos de hadas, mi...reina. Me cubro el rostro con ambas manos avergonzado, me inclino un poco hacia adelante, seguramente estoy colorado, las lágrimas siguen saliendo sin poder detenerlas, un sollozo involuntario brota de mi garganta, los invitados comienzan a aplaudir y gritar probablemente al verme así.
¡Qué vergüenza!
Vittorio, al notarme en este estado, me facilita un pañuelo con el que de inmediato me limpio el rostro y Bruno me da una palmada en el hombro para reconfortarme y hacerme saber que ambos están ahí, apoyándome, en este momento tan importante y crucial de mi vida.
Vuelvo la vista hacia mi futura esposa, la veo sonreír y también llorar, se ve deslumbrante, radiante en ese vestido de novia de un blanco inmaculado con unos asombrosos brillantes que la hacen lucir alucinante, ella brilla...brilla con luz propia, es como un ángel de luz que vino a transformarme. Lleva el velo hacia atrás y eso permite una fascinante conexión de nuestras miradas que en ningún momento se rompe, ni la sonrisa en nuestros labios se borra, al contrario, a medida que avanza hacia mí y se acerca, se ensancha más. Lo pensé antes, lo pienso ahora y lo pensaré siempre, Alessandra es la mujer más preciosa, admirable y asombrosa que he conocido en toda mi existencia y la amo, la amo con todas las fuerzas de mi corazón.
Una vez que mi cuñado, Giorgio, me entrega su mano y nos deja solos, no sin antes advertirme con una sonrisa, aunque sé que hablaba en serio, que de hacerla infeliz, tendré serios problemas con él, la veo más de cerca a sus ojos enrojecidos, beso su frente, su nariz y un suave roce entre nuestros labios para no arruinar su labial. Una lágrima rebelde resbala por mi rostro nuevamente y ella la limpia con su pulgar, tomo su pequeña mano y deposito un tierno beso en su palma.
—Te amo... te amo... te amo—le susurro repetidas veces y la abrazo—. Gracias por esto, gracias.
—Y yo te amo a ti, te amo... te amo... mi rey —gracias por hacerme tan feliz— me responde devolviéndome el gesto. Así permanecemos un corto período de tiempo, hasta que decidimos que es momento de dar ese paso, ese paso del que estamos seguros, será la mejor decisión que hemos podido tomar.
La ceremonia comienza sin atraso alguno, en ese instante ni siquiera me percato de los demás, de las horas, de nada, con ella a mi lado, mirándola así, a los ojos, lo demás no importa, no tiene sentido, solamente me apresuro a contestar un, SI, ACEPTO, cuando el sacerdote me pregunta si la quiero como mi esposa. Sí, sí, sí, la aceptaría una y mil veces, en esta y en otra vida, esto solo lo digo para mis adentros, no obstante, es la verdad, la escogería siempre, aún más allá de la muerte, ETERNAMENTE SERÁ ELLA, SOLAMENTE ELLA.
—Señora Lombardo, desde hoy y hasta el final de nuestros días—digo con una amplia sonrisa, muy cerca de su boca cuando ya hemos sido declarados marido y mujer.
—Señora Lombardo para siempre y donde quiera que vaya—me contesta igual de sonriente antes de fundirnos en un profundo beso.
Todos estallan en aplausos, risas, chillidos y gritos, sé que están felices, aunque estoy seguro que nadie más que nosotros dos, más bien, tres, con mi pequeñín que en pocos meses tendremos la dicha de tener en nuestros brazos y que debe estar festejando este episodio en el vientre de su madre.
Salimos del templo bajo una lluvia de pétalos de rosas blancas, rumbo a la recepción que será en un hotel exclusivo de la ciudad. Cientos de reporteros están afuera filmando y fotografiando el acontecimiento que será noticia de primera plana el día de mañana, cosa que me pone contento porque ahora más que nunca, quiero que todo el mundo sepa lo afortunado que soy al haberme casado con la mujer que llevo de mi brazo.
Llegamos al hotel minutos más tarde, también está minado de medios de comunicación por todas partes, por lo que, como medida de precaución, mandé a triplicar la seguridad, para evitar cualquier altercado. Debo de admitir que la organizadora que contratamos para arreglar todos los detalles de la boda y la recepción, hizo un extraordinario trabajo en tan pocos días, el inmenso salón está decorado impresionantemente. Muchos de los invitados ya nos esperan, así que, en cuanto nos ven entrar, se escuchan de nuevo gritos ensordecedores que nos provocan ganas de reír.
Avanzamos hasta el centro de una amplia pista de baile, mientras todo se oscurece y una luz enorme nos enfoca y sigue nuestros pasos. Una lenta balada clásica empieza a sonar de fondo "You are the Inspiration” y cuando estamos en el punto, nos acercamos para bailar nuestro primer vals como marido y mujer, solo de pensar en que ya es mi esposa, me hincho de orgullo por dentro.
¡Qué afortunado soy!
La atraigo más a mi pecho y comienzo a cantarle al oído, la letra va perfecta con lo que siento por ella, Alessandra es mi inspiración, lo que le da sentido y significado a mi vida, nuestro amor estaba destinado a ser desde el primer momento en que la vi y aunque no lo supe de inmediato o quizás sí y no quise verlo, le doy gracias a Dios porque hoy, somos uno solo y así será hasta que nuestros corazones dejen de latir.
You're the meaning in my life
You're the inspiration

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