Narra Alessandra
Subimos a la habitación del hotel después de la fiesta y de despedirnos de los invitados, son casi las tres de la mañana y todavía no tengo sueño, al contrario, estoy más despierta que nunca. La emoción por el acontecimiento todavía inunda mi pecho y la felicidad me corroe por cada fibra de mi ser.
Aún sigo sin creer que soy la esposa de Dominic, la señora Lombardo, para ser más precisa y es que si me hubieran dicho que algo como esto sucedería cuando entré a trabajar a Lombardo Enterprises Inc, de verdad que me hubiese reído y creído que todos estaban locos, sin embargo, ahora es distinto, porque ahora más bien creo que esto es un sueño, un sueño del que, de ser así, no quiero despertar nunca.
—AAAH, DOMINIC—grito, cuando de repente me toma entre sus fuertes brazos y me lleva cargada hasta la habitación. Me cuelgo de su cuello y lo veo a la cara con una radiante sonrisa, me quedo perpleja una vez más al ser consciente de lo increíblemente guapo y atractivo que es. Es tan hermoso, que no deja de asombrarme, tan imponente que impacta, tan poderoso que me asusta y tan especial que me enamora. Sus ojos grises con un toque de azul son tan impresionantes, que me parecen irreales y su sonrisa, Dios, que sonrisa más bella tiene este hombre, todo en él es perfecto y lo amo, lo amo como una desquiciada.
Me sonríe ampliamente y me besa suave en los labios, mientras me susurra un sincero te amo y yo le respondo que lo amo más, porque es así, lo amo tanto, que daría mi vida por él de ser necesario. Sin esfuerzo alguno abre la puerta de nuestra habitación, entramos, me deposita en el suelo y cuando las luces de pronto se encienden, me quedo pasmada, los ojos me pican por las lágrimas que amenazan con desbordarse al ver que todo alrededor está decorado con rosas rojas, corazones y unas velas aromáticas que le dan un ambiente cálido, romántico y apasionado al lugar, mi vientre se contrae y mi respiración se agita, giro para verlo y noto que sus ojos brillan, brillan con una intensidad inigualable.
—Esto es... precioso—digo con la voz entrecortada producto de la emoción.
—Esto no es nada comparado a lo feliz que voy a hacerte por el resto de nuestras vidas—me responde tomándome de la cintura y uniendo nuestros labios en un tierno beso.
—Gracias—musito bajito y él limpia delicadamente una lágrima que resbala por mi mejilla.
—No, gracias a ti por existir—me dice con voz aterciopelada.
Le sonrío acongojada y nuestros labios vuelven a unirse en un beso, que esta vez está más cargado de necesidad.
Un momento después, nos salimos al balcón y mientras yo estoy observando la preciosa ciudad nocturna de Londres, Dominic está abriendo una espumosa botella de Champán que hace que se me haga agua la boca, me facilita una copa con el líquido amarillento burbujeando dentro, muy poco, ya que por mi estado no puedo abusar, luego unimos nuestras copas y brindamos por nuestro matrimonio, nuestra vida y nuestro amor. Me tomo el escaso contenido de un sorbo y él me mira con suma atención, no ha sido necesario que me toque, porque solo con esa mirada mi cuerpo está ardiendo, sé lo que quiere, lo sé porque yo también lo quiero, lo deseo, lo necesito.
Lo veo acercarse, asecharme como si de un depredador se tratara y me encanta la sensación y adrenalina que me recorre entera, me aprisiona con delicadeza entre su cuerpo y la balaustrada, me besa con pasión y gimo cuando su lengua entra en contacto con la mía, todo sucede tan de prisa, que no sé en qué momento, estoy nuevamente en sus brazos y en el interior de la recámara.
Mis pies tocan el suelo una vez más, solo que ahora estoy de espaldas a él. Sus suaves dedos deshacen despacio el peinado en mi cabello, eliminando uno por uno los ganchitos que lo mantenían en su lugar. Mi espesa y larga melena castaña cae en mi espalda como cascada y siento un escalofrío cuando los labios de Dominic besan mi cuello, echo la cabeza hacia atrás para disfrutar mejor de la sensación y él prosigue con sus sutiles besos.
Siento como la cremallera de mi vestido desciende y en pocos segundos, todo cae arremolinado a mis pies, estoy desnuda del torso para arriba, mis senos quedan expuestos y únicamente un biquini de encaje blanco y una de las ligas cubre mi cuerpo, ya que la otra me la quitó Dominic con sus dientes, en el entretenido y divertido espectáculo que dimos en la fiesta.
Mueve mi cabello hacia un lado y sus labios vuelven a posarse en mi cuello, es como una tortura lenta, minuciosa y placentera. Sus manos acarician mis turgentes, erectos y calientes pechos de una manera que me hace jadear, estoy tan sensible que con un leve toque, estallo en llamas.
—Mmmm— gimo extasiada, en lo que continúa torturándome y tocándome de esa manera que únicamente él puede hacer— OH DIOS— chillo, cuando pellizca mis pezones ansiosos por más atención.
No soporto más, me vuelvo hasta quedar frente a él y besarlo con todo el amor y la pasión que llevo dentro, pasión que nadie más logra despertar. Mis manos viajan a su saco, luego a su broche de lazo, para proseguir con los botones de su impecable camisa blanca. Su musculoso y escultural pecho queda desnudo y con sus duros brazos me paga a él y me roba un voraz beso, gruñe cuando la piel tierna de mis senos choca con su torso y su afiance cobra más fuerza. Siento su virilidad en mi vientre bajo y eso me enciende más, es tan fogoso, tan ardiente, que me vuelve loca, me hace perder la cabeza.
Sus besos comienzan a descender a mi barbilla, el hueco de mi cuello, mis hombros y luego a mis pechos, los chupa con maestría, los besa con vehemencia y los toca con habilidad, mis piernas las siento flaquear.
—Aaah… Aaah— jadeo una y otra vez, cada vez con más intensidad... VOY A ENLOQUECER—Dominic—le suplico, lo quiero en mí ya, no puedo contenerme más.
—¿Qué quieres, mi amor? —me pregunta ardoroso, aun sabiendo la respuesta—. Sus besos siguen descendiendo por mi abdomen levemente abultado, hasta llegar a mi centro ansioso, mojado y listo para recibirlo.
—A ti—pronuncio con dificultad—MI DIOS—grito exaltada, cuando su boca caliente besa mi intimidad por sobre la tela—. Me sostengo de sus cabellos porque casi no resisto estar en pie por si sola y en ese preciso instante, mis bragas desaparecen, sus manos separan mis piernas y sus labios... sus labios acaban fulminándome por completo cuando su lengua acaricia y lame mi clítoris.
—Como me encantas—me dice con la voz cargada de deseo, sin dejar de besarme ahí, en ese lugar que antes era prohibido, pero que ahora le pertenece, porque toda yo le pertenezco en cuerpo y alma y él, él es mío, mío solamente y de nadie más—. Me fascinas tanto—continúa diciéndome—pierdo la cabeza por ti, te deseo a morir, jamás voy a saciarme de ti, tu olor me embriaga, tu piel me enloquece, toda tu eres mi perdición, mi obsesión.
Se levanta y comienza a deshacerse de sus pantalones y su bóxer, en ningún segundo dejo de contemplarlo, mis ojos viajan a su miembro grande, viril, erguido, duro y necesitado de mí. Me sonríe malicioso al ver mi cara de tonta y no tarda en acorralarme entre sus brazos y besarme con desesperación. No desaprovecho la oportunidad para saborearlo y gravarme su exquisito olor en mi memoria una vez más, beso su nuca, su pecho fornido, su abdomen y cuando estoy a punto de llegar a ese lugar e intentar hacer algo que nunca he hecho, me detiene.
—Hoy no—logra gesticular apenas—necesito estar dentro de ti ahora mismo y si haces eso, dudo mucho que pueda resistir—me advierte y le sonrío, sonrío porque me da orgullo ser la causante de su delirio.
Me muerde los labios sutilmente, me alza en vilo de manera que mis piernas queden alrededor de su cintura y mirándome a los ojos guía su latente falo a mi entrada húmeda y se desliza en mi interior, clavo mis uñas en su espalda, arqueó la espalda, jadeo en su oído y por instinto sigo sus exquisitos movimientos.
De pronto las envestidas cesan, mi cuerpo reclama y sin salir de mí, se encamina hacia lo que logro distinguir como un jacuzzi, que en lo poco que aprecio, hay varios pétalos de rosas rojas esparcidas dentro, pero es tanta mi excitación, que en ese momento no reparo en esos detalles, lo único que quiero es que me haga suya, toda la noche o lo que quede de ella.
El agua caliente nos inunda, lo cual lo hace más gratificante y estimulante, nuestros labios se buscan de manera involuntaria, desesperada y nos fundimos en un ardiente beso que nos deja sin aire. Lo siento retomar los movimientos, escucho nuestros gemidos hacer eco en ese espacio y el sonido de nuestros cuerpos fundiéndose hacen que todo sea mágico, único y excepcional.

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