—¿Te vas, hijita? —preguntó la señora D'Santi, con una enorme emoción reflejada en el rostro al ver las manos de su princesa entrelazadas con las de Dominic y escucharlo decir que volvían a Londres.
—Sí, mamá—afirmó Alessandra irradiando felicidad por cada poro de su piel—me voy con Dominic, hemos decidido estar juntos de nuevo—admitió sonrojada.
Una enorme sonrisa se instaló en los labios de Isabella y otra más grande, al notar un anillo de diamantes en el dedo anular izquierdo de su hija.
—¿Ustedes van a...?
—Casarnos—terminó de decir Alessandra, al ver hacia donde dirigía la mirada su madre—. Vamos a casarnos— repitió contenta, observando ahora a su guapísimo prometido que irradiaba la misma felicidad.
—¡Oh, Dios Mío! ¡Que maravillosa noticia hijos míos! —exclamó la emocionada señora, mientras se acercaba a cada uno para abrazarlos y felicitarlos—. Me siento muy contenta por ustedes y que bueno que decidieron retomar su relación, no saben cuántas noches le pedí a Dios para que esto fuera posible y ahora veo que escuchó mis ruegos—dijo con los ojos enrojecidos y acuosos.
Alessandra y Dominic se conmovieron, sobre todo el poderoso magnate, quien no estaba acostumbrado a esas muestras de afecto, aunque su madre, Fiorella Lombardo, siempre había sido muy cariñosa con Vittorio y él.
—Por lo que veo aquí, me parece que tenemos buenas nuevas—comentó la señora Victoria, quien, en ese preciso momento, ingresaba al salón y observaba la cálida escena y los rostros sonrientes de los tres.
—No te equivocas, querida—anunció su cuñada limpiándose las lágrimas—. Dominic y Alessandra decidieron estar juntos nuevamente y lo mejor de todo, van a casarse—señaló esto último con gran sentimiento.
—Enhorabuena para mis queridos sobrinos entonces—felicitó la rubia y guapa señora, acercándose a darles un afectivo abrazo—. Yo lo sabía, lo supe desde que vi a este muchacho aquella noche, cruzar esa puerta empapado por la lluvia, supe que sería mi sobrino y no me equivoqué.
Todos rieron al recordar aquel divertido, pero romántico episodio y Dominic no pudo evitar sentirse avergonzado.
—Lo que uno hace por amor—musitó él, contemplando a la preciosa mujer que pronto sería su esposa.
La señoras sonrieron al verlos tan felices y enamorados.
—¿Y supongo que la boda será muy pronto? —quiso saber, la ahora tía de ambos.
—Dos semanas—anunció Dominic con regocijo, tomando a ambas damas por sorpresa.
—¿Tan pronto? —preguntaron las dos al unísono y no porque les pareciera mal, al contrario, sin embargo, dos semanas era muy poco tiempo para organizar todos los detalles de una boda, detalles en los que ellas claramente querían y tenían que participar.
—Sí, no queremos esperar más—contestó Alessandra con seguridad—. Ya hemos perdido suficiente tiempo separados.
—Además, quiero que todo el mundo sepa que Alessandra D'Santi, es la mujer de mi vida y que muy pronto, seremos padres—continuó diciendo el atractivo castaño con orgullo, mirando a la madre de su hijo o hija, con mucho amor y pasión—. Las pocas horas que estuvieron juntos, habían sido demasiado cortas para todo lo que deseaba hacerle, pues luego de haber hecho el amor una vez y de que Alessandra aceptara ser su esposa, estuvieron hablando y haciendo planes hasta quedarse dormidos, no obstante, pronto estarían nuevamente solos, en su casa y ahí sí que podrían amarse sin restricciones y recuperar todo el tiempo perdido.
—En ese caso, nos gustaría ayudarles en los preparativos de la boda, ¿no es así, Victoria? —Nada nos haría más feliz que aportar un granito de arena para su felicidad.
—Se lo agradezco mucho señora D’Santi, ustedes ya han aportado mucho para que hoy nosotros podamos estar juntos—Dominic le guiñó un ojo a ambas señoras y ellas no pudieron ocultar una sonrisa cómplice—. El fin de semana tenemos planeado hacer una cena de compromiso en la residencia de mi madre, por supuesto, ella todavía no lo sabe—se rio—pero, me encantaría que ustedes estuvieran presentes y nada me gustaría más, que se hospedaran en mi casa por los días que se queden en Londres y devolverles la hospitalidad que tuvieron conmigo todo este tiempo.
—Muchas gracias, hijo, a nosotras también nos encantaría y no tengas duda de que ahí estaremos.
—Perfecto—sonrió él complacido.
—Bueno, nosotros tenemos que irnos, Dominic tiene que pasar por la oficina y ya se nos hizo tarde.
—¿No van a comer algo antes de irse? —Ya casi es mediodía y ni siquiera desayunaron.
—No, mami, comeremos algo en el camino, no te preocupes.
—Al menos déjame decirle a Stella que les prepare unas frutas picadas para llevar, tienen que comer, sobre todo tu hijita, que estás embarazada.
—Tú mamá tiene razón, mi amor, no queremos que nuestro hijo nazca débil, ¿verdad?
El corazón de Alessandra le dio un vuelco en la caja torácica al escucharlo hablar tan fervientemente de su futuro hijo o hija, todavía le parecía un sueño y tanta felicidad a veces la asustaba, sin embargo, estaba segura que a partir de ahí en adelante, serían inmensamente felices, tenía una buena corazonada.
—Por supuesto que no—negó acariciando su vientre—lo que más deseo es que nuestro bebé nazca bien, sano y fuerte.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Impacto italiano