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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 345

Vania miró a Luciano en silencio, frunciendo el ceño.

No había entendido ni una sola palabra de lo que había dicho.

¿Qué clase de basura estaba escupiendo?

Tratándolo como si fuera aire, Vania siguió caminando, pasándole por un lado.

Luciano pensaba que, al menos, Vania se detendría a charlar. Que lo ignorara por completo hizo que le hirviera la sangre.

—Vania, bájate de tu nube. Tu familia ya no existe, los Yáñez no te quieren, y no te creas que por ser la ahijada de los Leal ya te ganaste el cielo.

—¿Acaso no entiendes que en los negocios solo importan los intereses? Si los Leal te aceptaron es porque todavía les sirves de algo. ¿Cuánto tiempo crees que Yago te va a dar estos lujos?

—Con alguien tan hermosa como tú, un hombre se divierte uno o dos años y después se aburre. Cuando te deje tirada, no te va a alcanzar el tiempo para llorar.

Vania se detuvo por fin y se giró lentamente. A Luciano se le iluminó la cara, creyendo que sus palabras habían surgido efecto.

—¿De dónde sacas tanta confianza para hablarme así?

La familia entera de los Figueroa era una plaga que ella evitaba a toda costa. ¿Acaso Luciano tenía el cerebro lleno de aserrín?

La sonrisa de Luciano desapareció de golpe. Vania continuó con voz gélida:

—Yo estoy aquí representando a Grupo Nexo. ¿Tú quién eres? ¿Acaso tu nombre está en la lista de invitados?

—¿Cómo lograste colarte? Las invitaciones fueron organizadas y aprobadas personalmente por nosotros en Grupo Nexo. Y, hasta donde sé, tú no apareces por ningún lado.

El rostro de Luciano pasó de blanco a rojo burdeos por la humillación. No tenía ninguna invitación; había logrado entrar porque Cristina mandó a alguien por él.

Había entrado como si fuera el dueño del lugar, sintiéndose intocable.

Una vez adentro, ni siquiera valoró el evento. Vio a todos besarle los pies a los Leal, gente que jamás en su vida había visto ni en las revistas. ¿Qué tenían de importantes?

—Vania, no te des ínfulas de grandeza. ¿Acaso necesito tu permiso para estar aquí? Entré por la puerta grande. Mi cuñado es Hugo Yáñez, el mismo marido por el que lloras todos los días. ¿Esa razón te parece suficiente?

La mirada de Vania se volvió aún más afilada.

—Esta presentación es exclusivamente para líderes de la industria e involucra información altamente confidencial del gobierno y las empresas. ¿Me estás diciendo que Hugo Yáñez te dejó pasar?

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