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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 211

Dos figuras, un hombre y una mujer, entraron a la oficina.

Hugo Yáñez alcanzó a escuchar las palabras de Luna.

*Un papá que no me quiere es como recoger basura.*

Entró a la oficina con pasos largos. En cuanto Xavier vio a Hugo y a Cristina, corrió hacia ellos como si viera a sus salvadores.

—Mamá, Luna me pegó.

Su llanto no podía sonar más desgarrador.

Cristina observó los dos chichones rojizos en la frente de su hijo, sintiendo que el corazón se le encogía de dolor.

Sin embargo, le daba más rabia que su hijo, un niño tan grande, hubiera sido golpeado y dejado con la cabeza llena de chichones por una chiquilla como Luna.

—Papá Hugo...

Después de llorar con su madre, Xavier se giró hacia Hugo, aullando y haciendo berrinche, fingiendo llanto sin soltar una sola lágrima.

Hugo le dio un vistazo rápido y se lo pasó a Cristina.

—Llévalo a la enfermería para que le pongan algo en esos golpes.

La mirada sombría de Cristina fulminó a Vania.

Sin decir una palabra, se llevó a su hijo en silencio fuera de la oficina.

El tono de Hugo era gélido, y cuando su mirada se posó en Yago Leal, el frío penetró hasta los huesos.

—¿Qué está pasando aquí?

La maestra ya estaba nerviosa lidiando con Yago; ahora, con la pregunta de Hugo, no sabía ni qué contestar.

La presión que ejercían ambos hombres dejaba a la maestra sin aliento. Vania, parada a un lado, no tenía ganas de hablar.

Lo que dijera la maestra sería la versión oficial, pero si inventaba una sola palabra, Vania sin duda intervendría para defender a su hija.

—Señor Yáñez, de este asunto debería preguntarle a su querido sobrino —dijo Yago, aún molesto tras haber escuchado la versión de Luna.

Luna se aferraba a Vania, sin intención de responder a Hugo.

Sabía que no importaba lo que dijera, su papá siempre se pondría del lado de Xavier.

No quería hablar con él.

Hugo apretó la mandíbula y soltó una risa fría.

—Señor Leal, estamos en horario laboral, parece que tiene mucho tiempo libre.

Yago le sostuvo la mirada, sin ceder ni un milímetro.

—Si Vania y su hija tienen un problema, por supuesto que voy a venir.

Hugo arqueó una ceja, su mirada cortaba como un cuchillo afilado.

—Por supuesto.

Vania tomó la mano de Luna y salieron rápido de ahí.

Como si temiera que Hugo se arrepintiera en el siguiente segundo.

Yago sonrió.

—Entonces, se lo agradezco, señor Yáñez.

Hugo vio cómo Yago seguía de cerca a Vania, y sus manos se cerraron en puños a los costados sin que pudiera evitarlo.

A esas alturas, la maestra estaba sudando frío.

Miró a Hugo, dudando si debía decirle lo de la expulsión de Luna o no.

La mirada de Hugo se volvió aún más helada y aterradora.

—¿Tiene algo que decir, maestra?

—La señora Cristina dijo que debíamos expulsar a Luna, señor Yáñez, ¿qué opina usted...?

Los ojos oscuros de Hugo se hundieron como tinta, sin dudar ni un segundo.

—Haga lo que ella dijo.

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