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Inalcanzable: Mi esposa ya no me ama romance Capítulo 230

Vania levantó la mano y le asestó una bofetada a Hugo que resonó en el aire. El rostro del hombre, que ya estaba ligeramente rojo por el alcohol, se tiñó aún más. La marca de los dedos de Vania quedó grabada claramente en su mejilla derecha.

Las palabras de Hugo no eran más que un insulto tanto para ella como para Yago.

—Hugo, no te equivoques, no todos en este mundo son tan escoria y calculadores como tú.

La mirada de Hugo se oscureció al instante.

Verla defender a Yago con tanta fiereza terminó por colmar su paciencia.

El deseo ardiente inundó los ojos del hombre. Sin importarle que ella golpeara su pecho con desesperación para apartarlo, y aunque todavía tenía en cuenta la debilidad física de Vania, se aseguró de ser cuidadoso para no lastimarla.

La poseyó con una mezcla de firmeza y suavidad.

Vania temía que si se resistía más, Yago terminaría escuchándolos, así que no tuvo más remedio que dejar que Hugo hiciera su voluntad.

Dos horas más tarde, ambos estaban exhaustos.

Vania cayó en un sueño profundo rápidamente. Aprovechando la tenue luz que se filtraba por la ventana, Hugo se quedó observando su rostro.

Con extrema delicadeza, le depositó un beso.

—Mi Vani...

Como si fuera su tesoro más preciado.

No se sabe si Vania logró escucharlo o si simplemente estaba soñando, pero frunció levemente el ceño antes de volver a sumirse en el descanso.

Al día siguiente.

Vania abrió los ojos y lo primero que vio fue que estaba apoyada en el brazo de Hugo.

El pánico se apoderó de ella.

Todo el personal del Grupo Nexo y del Corporativo Alba estaba hospedado en ese mismo piso. Si alguien los descubría, ¿dónde iba a esconder la cara?

Hugo no tenía ninguna intención de hacer público su estatus como la señora Yáñez.

Y ella tampoco tenía el menor deseo de que el mundo se enterara de que él era su esposo.

—Hugo... —susurró.

Sospechaba que Yago también estaba a punto de despertar.

Lo empujó, exigiéndole en silencio que se largara de una vez.

Hugo abrió los ojos perezosamente al sentir las manos de Vania intentando alejarlo de la cintura.

—No hagas ruido, déjame dormir otro rato.

¡Todavía tenía el descaro de querer quedarse en su habitación!

Vania tuvo el impulso incontrolable de soltarle una patada y tirarlo de la cama.

En ese momento, el celular de Hugo sonó.

Inconscientemente, Vania miró de reojo la pantalla.

Antes de que pudiera ver quién llamaba, Hugo saltó de la cama con una rapidez impresionante.

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