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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 121

—¿El dueño…?

La voz de Catalina se le salió aguda de golpe. El celular se le resbaló de la mano y cayó al piso con un golpe seco.

Con los ojos abiertos de par en par, miró incrédula al anciano que venía caminando hacia ellos.

Ella, que se había empapado de todo lo que implicaba moverse entre gente adinerada, sabía perfectamente lo que significaba ser el dueño de La Cúpula Dorada.

La Cúpula Dorada era el restaurante número uno de Clarosol. Lo que facturaba al día se contaba en “decenas de millones”.

Y eso sin mencionar la enorme red de negocios que había detrás.

Catalina había escuchado que el dueño de La Cúpula Dorada era, además, el que movía los hilos de un grupo gigantesco y famosísimo de Solarenia.

¿Y el anciano al que ella y Dana acababan de señalar, insultar y burlarse en la cara…?

¿Era ese personaje misterioso del que todo mundo hablaba, alguien imposible de dimensionar?

No fue solo Catalina la que se quedó helada.

Dana, que hacía un momento había discutido con él, sintió que se le aflojaron las piernas y terminó desplomándose, sentada en el suelo.

Manuel ya estaba frente a Catalina, que tenía la cara blanca como papel.

Seguía con esa sonrisa educada en la boca, pero su mirada, afilada, le hizo sentir a Catalina un frío en el pecho.

Y, aun así, Manuel sonreía.

—A ver, muchachita… lo que dijiste hace rato estuvo interesante. Mira qué casualidad: aquí está el aludido. Yo también quiero que me cuentes bien… ¿según tú cómo es eso de que yo ando de manoseo con la señorita Ibarra? ¿Y cómo fue que ella “se vendió” para pegarse conmigo? Con lo buena que está la historia, cuéntamela bien, ¿sí?

No alzó la voz. El tono era incluso amable, como el de un mayor hablando con calma.

Pero cada palabra le cayó a Catalina como un martillazo en el corazón.

Catalina estaba pálida; los labios le temblaban sin control.

Le temblaban también las piernas. Se le salieron las lágrimas, pero no le salió ni una sola palabra.

—¿Qué, ya con el viejo enfrente ya no puedes decirlo? —Manuel soltó una risita; seguía tranquilo.

Levantó apenas la mirada y, como si nada, barrió con los ojos a Dana, que estaba junto a la entrada de La Cúpula Dorada, igual de descompuesta.

Capítulo 121 1

Capítulo 121 2

Capítulo 121 3

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