¿No tenían?
Entonces…
—¡O sea que se metió a escondidas a La Cúpula Dorada para buscarse a alguien con dinero! —Catalina alzó más la voz, como si hubiera destapado un secreto enorme.
Pero cuando vio que Joaquín ya estaba por seguir caminando, no pudo seguir fingiendo que no lo veía.
Si lo dejaba ir, ¿para quién era todo esto?
—¡Señor Carrasco!
Como si apenas lo hubiera notado, corrió tras él.
—Señor Carrasco, ¿se acuerda de mí?
Tuvo que ir casi trotando para alcanzarlo.
—Señor Carrasco, yo no quería decir nada, pero…
—Entonces cállate —la cortó Joaquín, con voz fría—. Nadie te pidió que inventaras cosas.
A Catalina se le congeló la cara. No se esperaba esa reacción.
Aun así, se aferró al papel.
—Pero… pero, señor Carrasco, no quiero que los engañe.
Sin esperar respuesta, le puso el celular enfrente.
—De verdad no le miento… Mire, hace rato estaba en la zona VIP, jaloneándose con un señor mayor. Si pudo meterse ahí, seguro fue porque… porque ese señor la ayudó.
Insinuaba, sin decirlo, que Kiara había vendido el cuerpo para entrar.
Joaquín bajó la mirada y revisó la foto, sin expresión.
Ahí estaba la chica con mandil de chef, en el área VIP.


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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste