Mientras más hablaba, más se enojaba; se le arrugó toda la carita.
Por culpa de Carolina, ya ni ganas le daban de ir a la escuela.
Ver a esa tipa la ponía de malas.
Tenía los ojos rojos de coraje y se estaba apretando el brazo con los dedos, hasta marcarse la piel.
Kiara frunció apenas el ceño y le cubrió la mano para que soltara.
Su tono fue tranquilo, casi flojo:
—Si ya sabes que son dos basuras, aléjate.
El contacto suave hizo que a Eloísa le temblaran las pestañas.
Alzó la mirada, con los ojos rojos, haciendo puchero:
—Kiara… ¿no crees que soy bien tonta?
—¿Por qué dices eso?
—No me di cuenta a la primera de lo falsa que era Carolina. Me usó para salir de la sierra y encima me quitó a todos mis amigos —Eloísa se mordió el labio.
Kiara sonrió un poco y le acarició la cabeza.
—Yo lo veo distinto: fuiste lo suficientemente buena como para querer ayudar a alguien. Ella te usó y te lastimó; eso solo habla de cómo es ella. No vale la pena que te desgastes por alguien así.
A Eloísa se le iluminó un poco la mirada.
—Y luego Alejandro… Se supone que yo soy la que lo conoce desde hace diez años, pero cada vez que Carolina y yo discutimos, él siempre se pone de su lado y me obliga a pedirle perdón.
—Si diez años se rompen con dos chismes, entonces ese amigo de hace años y esa mujer son tal para cual —Kiara la miró sonriendo—. Tú lo ves como una historia de años; él se ve a sí mismo como el salvador.


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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste