A pesar de que los celos la estaban consumiendo viva, Pamela no dejó que nada se reflejara en su rostro.
Miró a Kiara, arrastró las rodillas por el suelo y se acercó a ella en esa posición.
—Hermana... ayúdame a pedirles perdón al abuelo y a la abuela, por favor. Sé que me equivoqué... ¡y te juro que no habrá una próxima vez!
Levantó la mano derecha como si jurara por su vida, con el rostro lleno de pánico y súplica.
—¡Te lo juro! De ahora en adelante solo te haré caso a ti. Haré todo lo que me pidas, jamás, nunca más volveré a tener un mal pensamiento hacia ti.
Siguió arrastrándose de rodillas hasta quedar a los pies de Kiara.
Levantó la cabeza. Su rostro, siempre delicado y suave, estaba bañado en lágrimas, luciendo tan frágil y vulnerable que rompería el corazón de cualquiera.
Cualquiera, menos de las tres personas que tenía enfrente.
Ni uno de ellos mostró la más mínima compasión.
Kiara mantenía una expresión fría e indiferente, como si ni siquiera valiera la pena dirigirle la mirada.
Luis Quintana la observaba con el ceño fruncido y un profundo asco en los ojos.
Y Simón la miraba con sarcasmo, disfrutando el show como si estuviera viendo una comedia barata.
—Hermana...
Pamela apretó los dientes. Tragándose todo su orgullo y humillación, se postró y comenzó a golpear su frente contra el suelo, justo a los pies de Kiara.
El golpe contra las baldosas resonó con un sonido seco.
Al escucharlo, incluso Kiara no pudo evitar torcer los labios, bajando la mirada para observarla.
Esta Pamela... sí que era despiadada consigo misma.
Tras pasar todo un día jugando a la víctima y muriéndose de hambre, ¿todavía le quedaban fuerzas para humillarse de esa manera?
¿Hasta dónde llegaría su nivel de tolerancia al dolor con tal de conseguir lo que quería?
—Lo siento, hermana... —sollozó Pamela, inclinándose para golpear su frente contra el suelo una vez más.
—Lo siento, hermana...
Cada vez que pedía perdón, su frente impactaba contra el piso sin dudar.
Pamela iba muy en serio.
Cada golpe era real y brutal. No se estaba conteniendo en lo absoluto.

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