Al ver a esas dos personas, la emoción en el rostro de Eloísa se fue apagando poco a poco, y se le frunció el ceño.
—Ay, Ellie, Alejandro tiene razón. La moto de Skye es de las más cabronas del mundo, ¿segura que sí la sabes manejar?
La voz de Carolina era exageradamente melosa. En cuanto vio la Fantasma, se le notó la avaricia en los ojos, mezclada con celos.
—No vayas a querer hacerte la valiente nomás por llevarle la contraria a Alejandro. Si te caes y te lastimas, luego vas a ir con la familia Carrasco a quejarte, y a Alejandro sus papás le van a dar un castigo de los buenos.
En cuanto dijo eso, a Alejandro se le ensombreció la cara, como si hubiera recordado algo desagradable.
—¡Eloísa! Dame las llaves —exigió, de muy mal modo—. Con tu condición, ¿qué andas haciendo con motos? ¡Lo digo por tu bien!
Mientras hablaba, levantó un poco la barbilla y le extendió la mano a Eloísa, como esperando que ella le entregara las llaves solita.
—Alejandro…
Eloísa apretó los labios; el ceño se le marcó todavía más.
—No necesito que “me cuides” a tu manera, ignorando lo que yo quiero.
Cuando Kiara empezó a aconsejarla, Eloísa se la pasaba pensando si de verdad podía soltar diez años de sentimientos y costumbres… si de verdad podía renunciar a Alejandro, a esa obsesión de una década.
Pero ahora que lo veía, se dio cuenta de algo.
Su corazón… estaba completamente en calma.
Ni un sobresalto.
Tal vez no le importaba tanto como ella misma se había hecho creer.
—¿Eloísa?
Alejandro no se esperaba que, frente a él, ella volviera a rechazarlo.
Se le puso una cara horrible.
—¿Crees que con esto me vas a chantajear?
Eloísa frunció el ceño, sin entender a qué se refería.
La carita bonita de Eloísa se enfrió.
Antes no lo veía raro. Total, tenía dinero: si Alejandro estaba feliz, ella podía tirar millones sin pensarlo.
De hecho, con tal de quedar bien con él, cada mes se gastaba una fortuna en los amigos de Alejandro… incluida Carolina.
Y lo que gastaba directamente en él, ni se diga.
Pero ahora, con el corazón en calma, lo entendía clarito:
Eso estaba mal.
¿En serio, en aquel entonces, qué tanto se había engañado?
Eloísa habló, fastidiada:
—Alejandro, ¿tú sabes cuánto cuesta la Fantasma? Ni con cien millones de pesos la compras fácil. ¿Y tú quieres que le regale a Carolina otra parecida?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste