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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 24

—Kiki… soy tu mamá… soy tu mamá…

Se le quebraba la voz; lloraba sin poder parar.

—Ya volviste… por fin… perdóname… perdóname por encontrarte hasta ahora…

Kiara veía con claridad el dolor, la culpa y la alegría de recuperarla, todo junto, desbordado y real.

Se sintió un poco perdida. En algún rincón de su pecho —uno que creía intocable— algo se le movió apenas.

Guardó silencio unos segundos.

Luego alargó la mano y tomó la mano helada y temblorosa de ella. Su voz no sonó tan fría como siempre.

—No pasa nada, mamá.

El calor de esa mano y el contacto real hicieron que Vanesa Ibarra se estremeciera. Ese “mamá” rompió de golpe veinte años de añoranza.

Ya no aguantó. La abrazó con fuerza y lloró en voz alta.

—Mi Kiki… te extrañé… te extrañé tanto que se me partía el corazón…

Las lágrimas calientes le empaparon el hombro a Kiara.

Como si le quemaran directo al corazón.

Kiara se quedó rígida. En la familia Zúñiga, en todos esos años de ser ignorada, nunca había sentido un cariño así de brutal.

No estaba acostumbrada.

Pero sintiendo el temblor del cuerpo de su madre, y ese llanto incontenible, entendió que ahí había… esa calidez que siempre había querido, aunque no lo admitiera.

Dejó que la abrazara y miró al hombre a un lado, con los ojos rojos, mirándola como si no se atreviera ni a parpadear.

Era una cara que salía seguido en las portadas de revistas financieras: el magnate de gesto duro, Camilo Ibarra.

El hombre más rico de Clarosol, cabeza de la familia Ibarra: Camilo.

Kiara también lo llamó:

Kiara se hizo a un lado con discreción, evitando esa mano. La miró apenas y solo asintió, sin decir más.

La mano de la chica se quedó suspendida en el aire, incómoda. La sonrisa se le congeló.

En sus ojos pasó, fugaz, una mezcla de vergüenza y enojo.

Vanesa notó el ambiente raro. Se secó las lágrimas y explicó con cuidado, nerviosa:

—Kiki… ella es Pamela. Es… la hija que adopté. En ese entonces no podíamos encontrarte y estábamos destrozados…

—Alguien nos dijo que si adoptábamos a una niña de tu edad, con una suerte parecida, tal vez… tal vez eso nos ayudaría a encontrarte, y por eso…

Vanesa observó la cara de Kiara, preocupada.

—Si te incomoda, mamá hace que Pamela se vaya de inmediato.

***

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